Copenhague no espera a que empiecen los desfiles para mostrar moda. Durante la Fashion Week, la ciudad entera cambia de ritmo y sus calles se convierten en una pasarela espontánea, capaz de anticipar muchos de los códigos que después se trasladan a otras capitales y al guardarropa cotidiano.

Hay menos solemnidad, más combinaciones de colores y texturas y, sobre todo, una forma muy personal de interpretar las tendencias. Detrás de esa libertad estética existe además uno de los rasgos que distingue a la semana de la moda danesa: la sustentabilidad forma parte de los requisitos para integrar su calendario oficial. Una filosofía que, de alguna manera, también empieza a percibirse en la belleza.

Pelo natural: menos perfección y más identidad

El estilista argentino Max Jara detectó un cambio que se aleja tanto de las transformaciones radicales como de los peinados excesivamente producidos. Ya no parece existir una única tendencia dominante: el pelo acompaña a quien lo lleva y recupera algo que durante años se intentó controlar, su propia naturaleza.

“Los rubios aparecen más naturales, con profundidad y movimiento; las melenas respetan su textura y el volumen surge de manera orgánica. El objetivo ya no es conseguir un acabado impecable sino un pelo que se vea sano, cuidado y, sobre todo, real”.