El verano es la temporada en la que es más fácil conocer nuevos intereses románticos. Pero si antes era común descubrir las señales de alarma del otro demasiado tarde, en la actualidad, gracias a la gran cantidad de textos sobre banderas rojas y amarillas relacionales, no es extraño frenar una relación antes de que la cosa se ponga fea. Tanto se ha hablado de las famosas banderas que no se tardó demasiado en hablar después de las denominadas beige flags, un término acuñado en TikTok por la usuaria Caitlin MacPhail. Se trata de las señales que revelan que alguien es poco interesante o realmente soporífera. Es decir, nada alarmante, pero sí algo a tener en cuenta para evitar quizás no dramas innecesarios, pero sí bostezos que pueden conducir a finales abruptos. En este mar de banderas se habla ahora de yellow flags (banderas amarillas), que como explica Ana Lombardía, experta en salud y bienestar sexual de We-Vibe, son señales que invitan a prestar atención. “Aunque no implican necesariamente un problema, sí algo que merece observarse con curiosidad y contexto. Puede ser un comportamiento, una forma de comunicarse o un patrón que conviene conocer mejor antes de sacar conclusiones”, asegura. Por el contrario, aclara, una beige flag (bandera beis) no habla de un posible riesgo, sino de una característica peculiar, anodina o simplemente poco emocionante de una persona. “Son esas manías o rasgos que pueden parecer raros o aburridos, pero que no tienen por qué afectar a la calidad de la relación. En realidad, muchas beige flags dicen más sobre nuestros gustos o expectativas que sobre la otra persona”, aclara. Colores que cambianLara Ferreiro, autora de ¡Ni un capullo más!: El método definitivo para quererte y encontrar a tu pareja perfecta (Grijalgo), indica que una bandera amarilla es una señal de alerta temprana que conviene observar, ya que puede convertirse en una bandera verde si la persona reconoce esa conducta y trabaja para cambiarla, o en una bandera roja si se mantiene en el tiempo y acaba consolidándose como un patrón relacional. “Nos indica que puede existir una dinámica emocional que merece atención porque, si se cronifica, puede afectar a la confianza, la comunicación o la seguridad afectiva”, dice. Matiza que aunque no implica que la relación esté condenada, sí invita a preguntarse si ese comportamiento es algo puntual o forma parte de una manera habitual de vincularse. “Hablamos de patrones porque un hecho aislado no define a una persona; lo relevante es la repetición, el impacto que tiene en la relación y la ausencia de conciencia o de cambio. También es importante analizar el contexto: una conducta puntual tras un momento de estrés no tiene el mismo significado que un comportamiento que se repite de forma sistemática y acaba generando malestar en la pareja”, añade.Pero, ¿cuándo una bandera amarilla se vuelve peligrosa? La psicóloga, terapeuta transpersonal, mentora experta en relaciones avanzadas y sexualidad consciente Patricia Sánchez , coincide también en que ocurre cuando el comportamiento deja de ser puntual y se convierte en un patrón. “El gran indicador no es la conducta aislada, sino la repetición sin conciencia, sin reparación y sin cambio. Cuando una señal se mantiene en el tiempo, genera malestar de forma constante y la otra persona la minimiza, la justifica, evita o la niega, deja de ser una invitación a observar y empieza a convertirse en una señal de alarma donde debemos sentarnos a analizar si estamos en el lugar correcto para elevar nuestra identidad y compartir desde la completa seguridad y facilidad”, explica a S Moda. “Todos podemos tener un mal día, reaccionar desde una herida o cometer un error. Lo que realmente importa no es el fallo, sino la consciencia de esa persona y qué hace después. ¿Asume su responsabilidad? ¿Escucha? ¿Tiene capacidad de reparar y de pedir perdón? ¿Hay intención real de cambiar? ¿Muestra un nivel de profundidad y de consciencia elevado o se queda en la superficie de lo que ha ocurrido? ¿Realmente está dispuesto/a al 100% de llegar hasta la raíz y trabajar en sí mismo/a?”, pregunta. Ferreiro añade señales que indican que las cosas no van por el buen camino que no tienen que ver con cómo actúa la otra persona, sino con una misma. “Cuando empiezas a normalizar conductas que antes te hacían sentir incómodo, hay que tener cuidado. Es lo que en psicología conocemos como normalización de la toxicidad: aquello que al principio nos parecía inaceptable acaba convirtiéndose en ‘lo normal’ dentro de la relación”, dice. Otro indicador al que alude es cambiar la forma de ser para evitar conflictos. “En ese momento, la relación deja de ser un espacio de seguridad para convertirse en un entorno de vigilancia constante. En lugar de sentirte libre, empiezas a vivir en un estado de hipervigilancia emocional, anticipando qué puede molestar al otro para evitar consecuencias”, puntualiza. Sobreanálisis e hipervigilancia Es importante tener en cuenta que las redes sociales, al popularizar cantidad de términos relacionales y al someter a auténticas autopsias a los comportamientos que tienen lugar dentro de las dinámicas amorosas, conducen en ocasiones a una peligrosa hipervigilancia. Por eso Lombardía advierte que el problema llega cuando la gente deja de conocer a las personas para empezar a evaluarlas continuamente. En el intento de evitar el malestar a toda costa y cómo no, acabar siendo heridos, las banderas se convierten en un intento de obtener unas garantías que, en realidad, no existen.“El riesgo es caer en una especie de hipervigilancia: interpretar cualquier diferencia, incomodidad o imperfección como un motivo para descartar a alguien. Las relaciones sanas requieren discernimiento, pero también tolerancia a la incertidumbre. Nadie es una colección de banderas; somos personas con historias, aprendizajes y contradicciones”, asegura. Comenta que el mejor radar no es el que detecta más señales, sino el que distingue entre una incompatibilidad, un rasgo de personalidad, un error puntual y un patrón realmente dañino. Las banderas amarillas más habitualesLas expertas consultadas enumeran a algunas de las banderas amarillas más comunes. Una advertencia: no son pocas.Dificultad para expresar emociones o hablar de temas incómodos. Puede deberse tanto a falta de habilidades como a experiencias previas, o a una falta de confianza que todavía no se ha construido...Comunicación inconsistente. Ocurre en personas que a veces son muy cercanas y otras muy distantes, sin que todavía quede claro si tal comportamiento responde a su estilo de vida, a un patrón o a una falta de interés o disponibilidad para una relación.Haber salido recientemente de una relación importante y no tener claro cuánto espacio emocional hay disponible para una nueva.Diferencias importantes en expectativas sobre el compromiso, la convivencia, los proyectos de vida o la sexualidad, que no son un problema en sí, pero sí conviene abordar pronto para discernir si somos compatibles como pareja. Diferencias en la cama, como el distinto nivel de deseo sexual o el interés por ciertas prácticas o juguetes, son algo a observar y a construir juntos.Una tendencia a evitar los conflictos o, por el contrario, a discutir de forma impulsiva. No es necesariamente una red flag, pero sí algo que conviene observar cómo evoluciona.La dificultad para asumir responsabilidades cuando surge un problema. Si alguien nunca reconoce su parte, puede acabar convirtiéndose en una señal más preocupante.Hablar mal de las exparejas por norma. Si todas las relaciones anteriores terminaron porque “los demás estaban locos” o “siempre fue culpa del otro”, puede indicar dificultades para asumir responsabilidad y hacer autocrítica.Quitarle importancia a los celos o presentarlos como prueba de amor. Los celos pueden aparecer en cualquier relación, pero justificarlos como amor es una señal para empezar a observar.Incoherencia entre lo que dice y lo que hace. Promete mucho, pero cumple poco. Habla de compromiso, pero sus conductas transmiten distancia.Necesidad constante de validación externa. Depende excesivamente de la aprobación de los demás, de los likes, de la opinión de su entorno o necesita sentirse continuamente admirado. Si esta necesidad domina la relación, puede generar inseguridad y dependencia emocional.Rigidez y poca capacidad de adaptación. Tiene dificultades para negociar, ceder o aceptar puntos de vista diferentes. Las relaciones sanas requieren flexibilidad psicológica; cuando todo tiene que hacerse a su manera, la convivencia suele resentirse.Falta de reciprocidad. Jamás inicia las conversaciones, organiza planes, pide perdón o sostiene emocionalmente la relación. La reciprocidad no significa hacerlo todo al 50% cada día, sino que ambos inviertan en el vínculo de forma equilibrada a lo largo del tiempo.No respeta pequeños límites. Puede parecer algo sin importancia al principio, pero la forma en la que una persona responde a los límites dice mucho sobre cómo entiende el respeto.Patricia Sánchez matiza que ninguna de estas señales, por sí sola, convierte a alguien en una mala pareja. “Para mí, el mayor error no es ignorar las señales, sino convertir cualquier imperfección en una red o yellow flag antes de haber conocido realmente a la persona”, puntualiza. Ana Lombardía añade que las yellow flags no son un diagnóstico ni una sentencia, sino una invitación a hacer más preguntas, observar la coherencia entre lo que una persona dice y hace, y ver cómo evoluciona la relación con el tiempo. “Las relaciones saludables no se construyen evitando cualquier señal de alerta, sino aprendiendo a interpretarlas con criterio y sin perder de vista el contexto”, sentencia. Del mismo modo que al ir a la playa y ver una bandera amarilla conviene entrar en el mar con cuidado, pero no quedarse necesariamente en la toalla, al ver una yellow flag en alguien a quien se está conociendo no hay que frenar la relación, pero sí tener cuidado y conversar para ver si es posible llegar a buen puerto o si es el anuncio de un naufragio.