Hace ya más de una década que se empezaron a popularizar las plataformas de VOD (video on demand) y streaming a través de Internet. Gigantes como YouTube, Twitch o Netflix establecieron su modelo de negocio como alternativa a los medios de comunicación de masas tradicionales.En sus orígenes, estas plataformas permitían acceso a vídeos, programas en directo, series, películas y diferente contenido en nuestros términos: en el horario que quisiéramos, sin tener que preocuparnos de la parrilla de cada cadena y, quizás aún más importante para muchos, sin los molestos anuncios que frecuentemente interrumpen el disfrute de los programas en la televisión o en la radio.Pero, una década después, el panorama ha cambiado notablemente. Los servicios de streaming, que prometían libertad y comodidad ante la monetización agresiva de la televisión convencional, han acabado convirtiéndose en aquello que nos prometieron eliminar: plataformas con multitud de anuncios y cada vez más complejos servicios de suscripción, donde ver nuestro contenido sin interrupciones no solo es cada vez más difícil, sino también más caro.Tu programa favorito, sin anuncios… por un módico precio“Estás viendo un vídeo y te plantan tres minutos de anuncios de golpe que no se pueden saltar. Y, además, no lo hacen al final de una frase o contenido: lo hacen a mitad, de golpe, para presionarte a pagar. A veces es imposible enterarse de nada”, cuenta un usuario regular de contenido en directo en Twitch y YouTube. Ambas plataformas son totalmente gratuitas de usar, y podemos consumir contenido ilimitado en ellas, pero con segmentos promocionales al inicio de los vídeos y alrededor de cada quince o veinte minutos de reproducción.El “truco” está en que los anuncios de estas aplicaciones desaparecen si nos suscribimos a sus distintos planes premium. En el caso de Twitch, suscribirte a un canal —en España lo podemos hacer a partir de 4,99 euros al mes— elimina los anuncios antes y durante las emisiones. En el caso de YouTube, el servicio Premium (que cuesta 13,99 euros al mes, en su plan individual, y 25,99 en el plan familiar) permite ver todos los vídeos y escuchar toda la música presente en la plataforma sin interrupciones.Varios entrevistados que utilizan las plataformas con asiduidad, por ejemplo, en el trabajo, nos han confesado pagarlo de buen grado: “Si no, me pasaría la mitad de mi jornada laboral viendo anuncios”. La mayoría coincide en que el de YouTube es un plan, en general, más atractivo, pero algunos usuarios tienen un contraargumento: “No sé qué porcentaje de ese dinero se están quedando los creadores que yo veo. Pago suscripciones en Twitch porque sé que, así, estoy apoyando el contenido”.La falta de transparencia sobre los pagos y el funcionamiento de estos anuncios es otra crítica habitual que reciben. “En mi experiencia, la cantidad de anuncios no depende de la voluntad del streamer. Incluso si configuras uno o dos minutos de anuncios por hora, que es el mínimo, muchos usuarios te dicen que están teniendo que ver cinco o seis anuncios seguidos antes de cada transmisión”, nos asegura uno de los creadores de contenido que trabaja con la plataforma desde el año 2018. “Cuando empezó el negocio, todo era más amable… Ahora cada vez hay más anuncios, pero nosotros no cobramos más por reproducción”.Netflix, HBO, Prime Video… en subida de precios constantesLos servicios de streaming que ya nacieron con estos sistemas de suscripción en mente, no obstante, han aumentado notablemente sus precios en los últimos años. Si Netflix y HBO costaron unos módicos 7,99 euros en su llegada a España y Disney+, 8,99, a día de hoy todos ellos han subido considerablemente. El plan básico mensual de Netflix vale hoy 14,99 euros; y el de Disney+ y HBO subieron recientemente hasta los 10,99 euros al mes.Estas subidas responden a un problema con el que los servicios se han encontrado a medio plazo. En mercados tan saturados como los del entretenimiento, y ahora que estas plataformas han alcanzado ya la popularidad mainstream, crecer en número de suscriptores se vuelve más complicado.Los servicios de streaming se han consolidado en los hogares españoles. picture alliance / GettyDe esa forma, Netflix y compañía han adoptado dos estrategias. Por un lado, subir los precios, para obtener más dinero por suscriptor; y, por otro, introducir niveles de suscripción más baratos, pero apoyados por anuncios, para poder beneficiarse, también, de ese flujo extra de ingresos que es el márketing audiovisual del que tradicionalmente tanto ha dependido la televisión.Prime Video, por ejemplo, ya incluye anuncios en la modalidad que viene incluida con la suscripción a Amazon Prime. Netflix ha introducido un nivel con anuncios y Disney+ lo tiene por 6,99 euros. Es decir: se paga un precio similar al que tenían las plataformas en su aterrizaje en España, pero a cambio de un servicio peor.Lee tambiénEsto nos deja, de hecho, en un punto algo más precario que el de inicio. Es cierto que estas plataformas mantienen el acceso a gran cantidad de contenido y la comodidad de no regirse por horarios, pero nos muestran una cantidad similar de anuncios. La diferencia es que, además, estos servicios tienen un precio de entrada, en lugar de ser gratuitos como lo es la televisión en abierto.Está por ver, eso sí, si la estrategia seguirá a largo plazo. Por el momento, parece estar funcionando: el año pasado, Netflix ganó más de 25 millones de suscriptores nuevos, llegando a la cifra de 325 millones en todo el mundo. Pero si el encarecimiento y empeoramiento de las condiciones continúan, quizás muchos prefieran, simplemente, volver a encender sus televisores. Periodista graduada en la Universidad de Zaragoza y especializada en videojuegos, tecnología retro, y tener demasiadas plumas estilográficas. También me podéis ver en Eurogamer.