La plataforma de vídeos, propiedad de Google, apuesta por la retransmisión en abierto de galas y eventos deportivos, mientras la empresa de ‘streaming’ se lanza a los ‘videopodcasts’ para enganchar más tiempo a los espectadores
Cuando el consejero delegado de Netflix, Ted Sarandos, acudió al Senado de EE UU en febrero para defender su propuesta de fusión con Warner, una de las justificaciones recurrentes con las que quiso rechazar la acusación de ser un monopolio fue repetir que YouTube era el verdadero rival a batir: “Ya no son vídeos de gatitos. Es televisión”, explicó al comité político. Trataba de argumentar así que ningún estudio de Hollywood se acercaba al poder de esa empresa, subsidiaria de Google, pese a que, en esta guerra del streaming a dos bandas, muchas veces la dejaran fuera. La compra al final no salió adelante por la inflada propuesta de Paramount a Warner, pero ahí quedó clara cuál es la lucha real entre los titanes de la nueva televisión: Netflix contra YouTube. Y, curiosamente, ambas se parecen cada vez más entre ellas.
Porque, 21 años después de su nacimiento en 2005, YouTube ya no es efectivamente solo vídeos de gatitos (en realidad nunca lo fue). Hoy quiere seguir manteniendo aquella cercanía al creador amateur por la que se hizo famosa, pero también subir al escalón de la televisión de toda la vida. Quiere serlo todo. El pasado diciembre, la plataforma anunció, por ejemplo, que los Oscar se emitirán desde 2029 en su servicio gratuito y global. Se quedaba así con uno de los grandes eventos anuales de las clásicas pantallas: las galas en directo. Había pujado contra Disney y el resto de empresas veteranas. Lo mismo que había hecho antes para adquirir las retransmisiones deportivas de varios partidos de la NFL, consciente de que el deporte es otra gran batalla. YouTube quiere contentar a los creadores de contenido en su plataforma y dar espacio a la velada de Ibai Llanos o las superproducciones virales de Mr. Beast, repartiendo con ellos los beneficios, pero también quiere ir más allá. La atención en el móvil ya la tenía, y ahora la frontera es el televisor, donde año tras año copa más cuota.






