Opinión
Columnas Diarias
De mis notasEl desafío de siempre: quitarnos al Estado de encima para poder producir sin obstáculos.
Las bendiciones de nuestra geografía, con dos océanos a nuestro servicio, son una ventaja que nunca hemos sabido aprovechar. Puerto Quetzal, en el Pacífico, y Santo Tomás de Castilla junto a Puerto Barrios, en el Atlántico, cargan casi todo lo que el país importa y exporta —y también cargan el peso de su abandono—.
El problema hoy es crítico: el sector empresarial reporta demoras de hasta 90 días para descargar buques, con un promedio de 40 naves fondeadas esperando hasta 37 días. Según Agexport, ese cuello de botella cuesta al país entre US$16 y US$35 millones. El costo por tonelada de carga a granel, calcula AmCham, pasó de US$4 a casi US$70 solo por las esperas. Ese sobrecosto se traslada al precio de la materia prima y de ahí a los insumos de la canasta básica.








