El estanque reflectante del monumento a Lincoln se le está complicando al presidente estadounidense Donald Trump. Después de que la fiscal general de Washington DC, Jeanine Pirro, retirara las acusaciones contra los cuatro detenidos por supuesto vandalismo en el monumento, el magnate ha reconocido algunos "errores" de construcción. El pasado mes de abril decidió unilateralmente pintar de azul el fondo del estanque, lo que derivó en una plaga de algas, el vallado del área y la detención de cuatro curiosos que cogieron trozos de la pintura desprendida.PublicidadLa semana pasada, Trump criticó a Pirro —e incluso planteó destituirla— por haber retirado las acusaciones y afirmar que el Departamento de Interior había ocultado a la Fiscalía el origen de los daños de la piscina. En el documento para cerrar el caso abierto contra uno de los detenidos, el exatleta David Hearn, Pirro apuntaba cómo la mayoría de problemas habían sido provocados por "un trabajo apresurado y chapucero". El domingo, sin embargo, el mandatario cambiaba el tono y admitía lo que la fiscal ya había dicho."Como ocurre con muchos trabajos, también hubo un pequeño error por parte del contratista debido a las prisas por tenerla lista para la apertura del 4 de julio", escribía en Truth Social Trump. Aunque intentaba quitarle peso asegurando que se trataba de "un área muy pequeña en comparación con el enorme tamaño de la piscina", e insistía que "no tuvo mayor importancia".La imagen que los turistas pueden observar estos días de agosto en la capital dista mucho de la grandiosa opulencia a la que aspiraba Trump. El estanque donde se reflejaba el monumento a Lincoln se ha convertido en una triste charca medio vacía, que el Gobierno ha intentado esconder tras una valla negra. Aún así, desde la escalinata monumental puede verse con claridad.El estanque está vallado después de que el agua se llenara de algas y trozos de pintura azul desprendida. Una imagen que muchos de los ciudadanos compartían como metáfora de la presidencia de Trump y para protestar contra él. Las obras nacieron del simple capricho del mandatario para poder poner el mismo color de fondo que tiene su piscina de Mar-a-Lago. De manera unilateral, como el magnate ya ha hecho con otros elementos del patrimonio histórico del país, Trump decidió en abril transformar el estanque para así tenerlo listo el 4 de julio.PublicidadPero lo que parecía una tarea sencilla, derivó en una auténtica odisea para la Casa Blanca. Los dos millones de dólares que el republicano presupuestó inicialmente, ya han ascendido a al menos unos 16 millones. Todo, por los problemas que ha acarreado la obra, los cuales Trump achacó incialmente a supuestos "vándalos".Esos supuestos vándalos fueron acusados a principios de junio de causar que el agua se infestara de algas, algo que irritó severamente al magnate. Se envió al Servicio de Parques Nacionales para que echaran litros de peróxido de hidrógeno con el fin de matar las bacterias que alimentaban las algas. El deterioro de la piscina dejó escenas surrealistas, con los trabajadores federales vertiendo a mano litros del producto y la Guardia Nacional custodiando el perímetro. Aún hoy se puede ver en las calles algún póster desteñido con el contador: "Alga 1 - Trump 0".Fue entonces cuando entre el agua verdosa de la piscina empezaron a flotar trozos de la pintura azul con la que se había cubierto el fondo. El atleta olímpico David Carter Hearn fue arrestado por tocar uno de esos pedazos e imputado con cargos por "destruir una propiedad tasada en 1.000 dólares o más". La acusación podía costarle hasta la cárcel al deportista, ya que se trataba de un delito grave. Algo que sus abogados calificaron como "indignante".PublicidadA Hearn, se sumaron otros tres curiosos que también fueron arrestados por delitos menores por tocar el agua antes de que la Casa Blanca vallara la zona. Ahora, después de que Pirro tuviera que retirar la acusación contra Hearn, los otros afectados también han podido acogerse al mismo proceso y también se han librado de los cargos.