Volver a abrir los ojos
Le pregunto a Carla de qué se enorgullece más: “De no haber dejado la vida atrás”, responde sin vacilar. O sea, no tiró la toalla pese a sus amputaciones físicas. Luchó. Y hoy le brillan los ojos y está más en esta vida que la mayor parte de personas que conozco con dos brazos y con dos piernas de nacimiento. Los sueños de la Carla del pasado está haciéndolos volar esta Carla del presente. “Vivir es importante, porque la vida pasa muy deprisa. Regodearte en el dolor es perder el tiempo”, me enseña. Carla cuenta sus vivencias en el libro El día que volví a abrir los ojos (Kailas), con prólogo de Irene Villa, “ejemplo de mujer que ha sabido reconstruirse”, me dice Carla. Los médicos salvaron la vida de Carla a cambio de sus dos brazos y sus dos piernas, y ella ha sabido dar sentido a todo lo que pasó.No tiene brazos.
Me los amputaron hace dos años.
No tiene piernas.
Me las amputaron también. Soy una mujer tetraamputada.








