“Cuando desperté y mi madre me explicó que un coche me había pasado dos veces por encima, moví las manos y los pies y pensé: ‘Ostras, estoy viva’”. Alba Pinzolas tenía 24 años cuando un conductor que miraba el móvil la atropelló en un paso de peatones. El impacto le dejó secuelas irreversibles, una incapacidad permanente y una vida completamente distinta a la que imaginaba. Trece años después, aquella joven apasionada por el deporte y la publicidad se ha convertido en una voz impactante de la concienciación vial en Catalunya. Da charlas en institutos, autoescuelas y prisiones para explicar qué ocurre cuando un segundo de distracción cambia varias vidas para siempre.
Pero su historia no habla solo de dolor. Habla también de reconstrucción, de culpa, de duelo y de cómo acompañar a quienes sobreviven a un siniestro vial. Pinzolas participa además en el documental Vidas Restauradas, presentado en Barcelona y recientemente en Madrid, fruto de un estudio impulsado por la Asociación Prevención de Accidentes de Tráfico – P(A)T y la Cátedra de Ética Aplicada de la Universitat Ramon Llull, que pone el foco en la justicia restaurativa, un proceso todavía poco conocido que busca acompañar tanto a víctimas como a responsables de accidentes para entender el daño causado, asumir responsabilidades y encontrar caminos de reparación emocional que van más allá del sistema penal tradicional. “No se supera algo así”, dice Alba. “Te adaptas a la nueva realidad”.













