La Corona inglesa llegó a mantener cerca de una docena de yeguadas repartidas por el reino, una inversión que muestra hasta qué punto fabricar un caballo de guerra exigía planificación mucho antes de cualquier batalla.

Robert Liddiard, historiador que interviene en el pódcast de HistoryExtra, sitúa allí una parte esencial del sistema: “No puedo exagerar la cantidad de tiempo, dinero y esfuerzo que se dedicaba a producir estos caballos de guerra”. Los criadores seleccionaban tamaño y fuerza junto al temperamento, y los potros pasaban a otra etapa aproximadamente al cumplir un año.

Guillermo de Normandía aprovechó la ventaja de su caballería en Hastings

La batalla de Hastings de 1066 mostró qué podía obtener un ejército después de ese trabajo, porque los normandos de Guillermo de Normandía contaban con caballería entrenada frente a unas fuerzas anglosajonas con menos movilidad.

Liddiard considera que esa diferencia amplió las opciones tácticas de Guillermo: “Podría decirse que fueron los caballos los que permitieron al duque Guillermo de Normandía obtener ventaja”. Los jinetes podían desplazarse con mayor flexibilidad por el campo y la carga de hombres acorazados podía quebrar la disciplina contraria antes del contacto.