Las relaciones profundas no sobreviven porque estén libres de conflictos...10 de agosto, 2026 - 08h00Existe una verdad tan sencilla como incómoda: nadie sabe realmente cómo construir un matrimonio antes de vivirlo. No hay manuales capaces de anticipar las alegrías, tormentas ni silencios que acompañan la decisión de compartir la vida con otra persona. Se aprende caminando, equivocándose y permaneciendo.La juventud suele enamorarse con la fuerza de la esperanza. A esa edad, el corazón viaja más rápido que la razón y el futuro parece un territorio infinito. Se cree que el amor, por sí solo, resolverá cualquier diferencia. No es ingenuidad, es la hermosa confianza de quien todavía no ha sido golpeado por la vida.Los años, sin embargo, cambian la perspectiva. Cada experiencia deja una lección y cada decepción fortalece los mecanismos de defensa. Entonces aparecen los cálculos, las dudas y el temor a repetir errores. Muchas personas llegan a la madurez creyendo que la soledad ofrece menos riesgos que el compromiso. PublicidadPero basta escuchar a quienes han celebrado 40 o 50 años de matrimonio para comprender una enseñanza que el tiempo convierte en sabiduría. Ninguno afirma que el recorrido ha sido fácil. Hablan de dificultades y momentos en los que abandonar parecía una salida razonable. Sin embargo, casi todos coinciden en una misma conclusión: volverían a elegir el mismo camino.Esa afirmación encierra una poderosa lección para una sociedad que se acostumbra a reemplazar personas con rapidez. Las relaciones profundas no sobreviven porque estén libres de conflictos, sino porque sus protagonistas entienden que amar también significa dialogar, ceder, perdonar y reconstruir. El matrimonio no es la recompensa para quienes nunca fallan, sino el taller donde dos personas aprenden, día tras día, el difícil arte de convertirse en mejores seres humanos. (O)Elio Roberto Ortega Icaza, mediador y abogado criminalista, El CocaPublicidad¿Tienes alguna sugerencia de tema, comentario o encontraste un error en esta nota?
Matrimonio: la apuesta más humana de todas
Las relaciones profundas no sobreviven porque estén libres de conflictos...








