Mario Valdivia Peralta (Antofagasta, 62 años) lleva años convencido de que la salud mental de los más jóvenes se juega, sobre todo, en un terreno que la tecnología no puede sustituir: el vínculo humano. Psiquiatra, profesor titular de la Universidad de Concepción y director del programa de especialización en psiquiatría de la niñez y la adolescencia de esa casa de estudios. Su trabajo se ha concentrado en tres frentes que suelen cruzarse en la consulta: la conducta suicida, el déficit atencional y los trastornos de conducta y aprendizaje, materia sobre la que ha escrito Psiquiatría del adolescente y el Manual de psiquiatría infantil. Hijo de profesores, cuenta que descubrió esta especialidad casi por descarte de la psiquiatría de adultos, entonces predominante en las aulas de Medicina, y que terminó atrapado por una disciplina que le resultaba “intelectualmente muy atractiva” y, a la vez, “socialmente muy necesaria”.Valdivia será uno de los invitados a la séptima edición del Congreso Jóvenes Futuro, que se celebrará el 14 de agosto en el centro cultural Matucana 100, donde expondrá sobre el impacto de las nuevas tecnologías en la salud mental de los niños y jóvenes. “La tecnología, las redes y la inteligencia artificial son realidades, están presentes, y por lo tanto tenemos que desarrollar nuestro potencial humano —nuestra capacidad humana, que surge en el diálogo, en la crianza, en la interacción— para que podamos utilizar de un modo saludable y seguro las tecnologías, las redes y la inteligencia artificial”, dijo a EL PAÍS. Pregunta. ¿Qué jóvenes son más vulnerables al suicidio?Respuesta. Hay ciertos perfiles de adolescentes más propensos a cometer suicidio. La presencia de enfermedades psiquiátricas, como la depresión, es un factor de riesgo, pero también lo es el abuso de drogas. Destacan algunas características personales que los hacen más susceptibles, como ser más impulsivos y tener tendencia a las conductas de riesgo. También son factores de riesgo la pérdida de la red de apoyo, que la persona tienda a quedarse sola y que pierda el respaldo y apoyo de su entorno. En ese sentido, la pérdida del entramado social es un factor de riesgo para la conducta suicida. P. ¿Qué pueden hacer los padres y la sociedad para prevenir estas conductas?R. Si uno es justo, en Chile ya desde 2008 aproximadamente a nivel ministerial ha existido una gran preocupación por la conducta suicida en adolescentes y ha habido una serie de programas y campañas. Pero evidentemente se puede hacer más. Por otro lado, una de las primeras acciones que puede tomar la familia es estar presente. Criticamos mucho a los jóvenes por estar conectados al celular y conversar poco, pero los adultos andamos en las mismas. Es muy fácil decirles: conversa más, no estés tanto en el celular, pero resulta que para eso debemos tener la oferta de responder: “Estoy dispuesto a conversar contigo”. Difícilmente un padre notará una señal de alerta si no conoce o tiene interacción habitual con su hijo. P. ¿Cómo influye la sobreexposición a las redes sociales en el deterioro de la salud mental de los jóvenes?R. Hay estudios que comienzan a mostrar una correlación en esto. En general, una mayor exposición a las redes sociales y al uso de estos métodos se asocia a una peor salud mental. Eso tiene distintas explicaciones como, por ejemplo, la incapacidad de desconexión de los problemas. En las redes se está en interacción social constante. De hecho, muchos jóvenes duermen con sus celulares en el velador o, incluso, debajo de la almohada. Eso es lo que hemos detectado en un estudio que estamos desarrollando en la Universidad de Concepción, en conjunto un investigador de la Universidad de Río Grande do Sul, en Brasil, una investigadora de la Universidad de Deusto en Bilbao, España.P. ¿Cuál es el costo de esto?R. Esto significa que están conectados y pendientes de lo que está pasando en todo momento. Si bien hay información buena, también hay mala. Cuando no teníamos las redes y los celulares, el bullying duraba de lunes a viernes, desde las 8.00 de la mañana hasta las 2.00 de la tarde, y se tenía un espacio para procesar lo que estaba pasando y volver al día siguiente con mejores mecanismos para enfrentar estas dificultades. Hoy el bullying está presente las 24 horas del día, los siete días de la semana, los 12 meses del año, en las redes sociales. P. En el caso de la inteligencia artificial, ¿cuál sería el impacto?R. Las tecnologías, redes sociales y la inteligencia artificial existen y seríamos absolutamente ingenuos si pretendiéramos negar su existencia. Si pensamos que solamente a través de prohibir su uso en los colegios se resolvería el problema, no será así. Es razonable poner límites, que no se usen en un colegio, pero no es suficiente. Si quiero que esto sea una medida que ayude, hay que preocuparse en contar con actividades importantes en los colegios porque si las clases son todas fomes (aburridas) y los profesores siguen usando el modelo de enseñanza de 40 estudiantes mirando a un señor que habla, entonces evidentemente el niño buscará otras actividades. No se trata de que los chiquillos (niños) no se metan en los celulares porque no pueden, sino porque no los necesitan. P. ¿Qué pasa con quienes consultan a la inteligencia artificial asuntos de salud mental?R. La inteligencia artificial es más útil y efectiva mientras más se sabe del tema a consultar porque se puede hacer una lectura crítica y contrastar contra otras fuentes de información. Eso puede ser positivo, favorecedor. Pero si se consulta en asuntos que no sé, puede ser muy peligrosa porque no tendré capacidad de emitir un juicio crítico. Es decir, si espero que resuelva cosas en las que no tengo experiencia y no contrasto con nada, sino que hago ciegamente lo que me dice, evidentemente será muy peligrosa.P. ¿En qué casos podría ser un apoyo en el ámbito de la salud mental?R. La IA puede ser una buena herramienta para apoyar el aprendizaje, puede ayudar en generar sistemas de aprendizajes eficientes. Hay una lógica de que cuando la IA es un apoyo a los procesos es distinto a cuando es un reemplazo de los procesos. P. En conclusión, ¿cuáles son los principales desafíos de Chile en salud mental infantil y juvenil?R. Se están haciendo muchas cosas y en otras deberíamos avanzar más rápidamente. Quizá lo más importante y difícil es generar como país es una estructura de vida que sea protectora de la salud mental. Hay desafíos como nuestro sistema de ingreso a la educación superior, la tensión por los logros económicos, el desempleo juvenil, las aspiraciones que no guardan relación con las capacidades reales, los tamaños de las ciudades y los horarios de trabajo. En segundo nivel, es necesaria una detección precoz de los problemas de salud mental, por lo que es muy importante la capacitación a los profesionales de la educación y de la salud en general. Por otro lado, hay que tener respuestas eficientes porque no gano nada cuando el profesor esté bien entrenado para detectar a un niño con signos depresivos, si no tiene a dónde derivar este tema.