El estudio sobre pantallas en niños y adolescentes planteó que importa más qué hacen con la tecnología que cuántas horas pasan frente a los dispositivos. (Imagen Ilustrativa Infobae)El uso de pantallas en la infancia y adolescencia es un tema del que hay mucho por descubrir y una investigación de la Universidad de Edimburgo y el Imperial College de Londres encontró que más allá de cuántas horas pasan los niños frente a dispositivos, lo que más debe importar es qué hacen y cómo se relacionan con ese contenido.Durante años, la preocupación de médicos y organismos de salud se centró en limitar el tiempo de exposición a pantallas electrónicas como televisores, tabletas y teléfonos. Sin embargo, este estudio con 4.000 menores encontró que los adolescentes que usan redes sociales por más de una hora al día no presentaban más dificultades que quienes las usaban menos.PUBLICIDADUna persepectiva que cambia la visión de solo centrarse en limitar el tiempo en pantalla, para darle prioridad al tipo de contenido y lo que este genera en su desarrollo y salud.Un estudio realizado por la Universidad de Edimburgo y el Imperial College de Londres analizó datos de casi 4.000 niños de diferentes edades, siguiendo su desarrollo desde los cinco hasta los quince años de edad. El trabajo, difundido en la revista JAMA Network Open, no encontró una relación directa entre el tiempo total de uso de pantallas y un peor desarrollo emocional o social en los menores.PUBLICIDADEl uso de pantallas fuera del horario escolar aumentó con la edad en los grupos de cinco, diez y quince años evaluados por el estudio. (Imagen Ilustrativa Infobae)El equipo de investigación dividió a los participantes en tres grupos de edad: cinco, diez y quince años. A cada grupo se le evaluó el bienestar social y emocional, así como los hábitos de uso de pantallas fuera del horario escolar. Los resultados mostraron que el tiempo que dedican a los dispositivos aumenta con la edad. Por ejemplo, la proporción de niños que pasaba al menos tres horas diarias frente a una pantalla subió de 944 a los cinco años a 1.638 a los diez años. En el caso de los videojuegos, solo 66 niños de cinco años dedicaban ese tiempo, frente a 550 adolescentes de quince años.PUBLICIDADPero el dato central fue que no se detectaron asociaciones significativas entre el uso de pantallas y dificultades de desarrollo a los cinco o diez años. Solo en adolescentes de 15 años que jugaban videojuegos durante cinco horas o más se observaron mayores dificultades. Por el contrario, el uso moderado de redes sociales como aplicaciones de mensajería, TikTok o Instagram, no se relacionó con problemas de socialización. Incluso, los jóvenes que usaban estas apps por más de una hora al día no evidenciaban más dificultades que quienes las usaban menos.PUBLICIDADLos videojuegos durante cinco horas o más al día se asociaron con mayores dificultades emocionales en adolescentes de quince años. (Imagen Ilustrativa Infobae)En palabras sencillas, la investigación sostiene que el posible impacto negativo de las pantallas no depende solo de la cantidad de tiempo, sino que está condicionado por el tipo de actividad realizada y el contexto en que se usa la tecnología.El trabajo identificó que diferentes actividades frente a la pantalla pueden tener efectos distintos en el desarrollo. Por ejemplo, jugar videojuegos durante períodos muy prolongados (cinco horas o más al día) sí se asoció con mayores dificultades emocionales en adolescentes. PUBLICIDADEn cambio, el uso de redes sociales y mensajería, en general, no mostró efectos negativos e incluso se observó que puede reforzar lazos sociales y mejorar la integración.Además, el estudio subraya que el acceso a contenido educativo, la interacción supervisada y el acompañamiento de los padres pueden influir positivamente. El contexto familiar y la calidad de la relación entre padres e hijos aparecen como variables centrales para comprender el impacto de la tecnología.PUBLICIDADEl estudio indicó que el contenido educativo, la interacción supervisada y el acompañamiento de los padres pueden influir de forma positiva en el uso de pantallas. (Imagen Ilustrativa Infobae)Las aplicaciones de mensajería y redes, lejos de aislar, pueden funcionar como espacios donde los jóvenes fortalecen amistades y encuentran apoyo emocional. La función social de estos entornos digitales pasa a ser un aspecto que las familias deben considerar antes de establecer restricciones generales.Frente a este panorama, la recomendación para los padres no es solamente vigilar el reloj, sino estar atentos a qué hacen sus hijos con las pantallas y cómo ese uso impacta en su vida diaria. El seguimiento del contenido, el diálogo sobre lo que ven o con quién interactúan y el acompañamiento en el mundo digital son fundamentales.PUBLICIDADLa investigación remarca que las circunstancias familiares, como el nivel de supervisión, la interacción afectiva y el entorno socioeconómico, pueden ser tan determinantes como el tiempo de pantalla. Limitar el acceso sin atender a estos factores no sería suficiente para proteger el desarrollo psicosocial.El estudio señala que, aunque organizaciones internacionales como la OMS proponen limitar el tiempo de pantalla a menos de una hora diaria en menores de cinco años, esta medida aislada podría no reflejar la complejidad del fenómeno. PUBLICIDAD