Abelardo de la Espriella inicia su Gobierno con mayorías en el Congreso, pero condicionadas por el uribismo. El nuevo mandatario de Colombia cuenta con el respaldo de casi todas las bancadas del Senado y la Cámara de Representantes, como los liberales, los conservadores, La U, Cambio Radical, Salvación Nacional, el Mira y varias colectividades minoritarias. Sin embargo, su gobernabilidad en el legislativo depende de la relación que logre consolidar con el Centro Democrático, el partido liderado por el expresidente Álvaro Uribe y la mayor bancada de la derecha. Por ahora, solo el izquierdista Pacto Histórico, partido del expresidente Gustavo Petro que tiene la mayor bancada del Congreso, y la Alianza Verde se han declarado en oposición. La alianza es en principio natural, pero no se ha sellado definitivamente. El uribismo ha sido la principal fuerza de la derecha en Colombia por dos décadas, y apoyó en segunda vuelta al hoy presidente, que tuvo como principal bandera de campaña expulsar a la izquierda del poder. Pero, durante las últimas semanas, hubo muestras de una profunda división entre ambas derechas, que le costó al Gobierno una sonada derrota en el Congreso durante la elección del presidente del Senado. Sin embargo, los diálogos posteriores y la asistencia de Uribe a la posesión de De la Espriella, lograda pese a las dudas y después de una llamada de paz en la que el abogado penalista le reiteró la invitación al expresidente, parece allanar el camino para la reconciliación. Por lo menos mientras se acercan las elecciones regionales de octubre de 2027, cuando los dos sectores pujarán por el liderazgo de la derecha. El Centro Democrático, que tiene 17 de los 103 senadores y 30 de los 187 representantes a la Cámara, mostró su poder días antes de la posesión presidencial del viernes pasado. En la elección del presidente del Congreso, el partido de Uribe argumentó que le correspondía esa dignidad por ser la bancada más grande del oficialismo. Sin embargo, De la Espriella impulsaba al cargo al senador Alfredo Delque, del partido de La U y su amigo personal. Finalmente, el uribista Honorio Henríquez venció gracias a una inesperada alianza del uribismo con el Pacto Histórico. La derrota, aunque llenó los titulares, marca una excepción frente a la seguidilla de victorias que logró el Gobierno en las votaciones siguientes, en las que el Senado y la Cámara aprobaron con amplias mayorías el traslado de la posesión presidencial a Cali, como deseaba De la Espriella y rechazaba la izquierda. La victoria se dio con los votos del Centro Democrático. En el Senado, las mayorías incluso apoyaron dos veces la voluntad del presidente. Primero, a favor de hacer la posesión en el departamento del Cauca; unos días después, por decisión del hoy presidente, respaldaron el cambio a la capital del Valle del Cauca. La próxima prueba de la buena relación entre el abelardismo y el Centro Democrático será la elección del contralor. En esa votación, programada para este miércoles 12 de agosto, se verá si las dos derechas se juntan y escogen a un candidato común. EL PAÍS supo que el presidente le ha dicho a Uribe que no interferirá en lo que decida el Legislativo, en lo que puede ser una muestra de aceptación de la autonomía legislativa, como la que prometió De la Espriella en su discurso del viernes y pidió el senador Henríquez al dar sus palabras en la misma ceremonia, o una prueba de haber aprendido la lección. Quien finalmente sea elegido tiene la capacidad de convertirse en un dolor de cabeza para el Ejecutivo, como ha ocurrido en el pasado entre miembros de gobiernos y los encargados de vigilar el uso de los recursos públicos.Esa elección se dará en una sesión conjunta del Senado y la Cámara de Representantes. El ministro del Interior, el exsenador Rodrigo Lara, ha dejado ver lo determinante de lo que ocurra, ante la posibilidad de una nueva alianza entre petrismo y uribismo.: “Sería inexplicable que alguno de estos partidos, en lugar de ponerse de acuerdo, pacten con un partido opositor y enemigo del Gobierno, que es el Pacto Histórico. Eso sería injustificable e impresentable”, dijo en diálogo con medios de comunicación. Para el Gobierno, la importancia de las mayorías está sobre el tapete, pues anunció al menos dos iniciativas legislativas. La primera es una reforma tributaria que, según dijo De la Espriella en su primer discurso, incluye eliminar el impuesto al patrimonio, que hoy pone a pagar entre el 0,5% y el 1,5% de la riqueza de las personas que tienen más de 3.800 millones de pesos, y pagan menos de 100.000 contribuyentes. “No vamos a castigar más a quienes generan riqueza”, dijo el presidente ante cientos de militares. “Mi Gobierno presentará una reforma estructural del sistema tributario para simplificarlo”. Para lograrlo, de la Espriella al apoyo de las comisiones económicas, las terceras y cuartas de Senado y Cámara, donde se darán dos de los cuatro debates que requiere para convertirse en ley. Con ese objetivo, el Ejecutivo tuvo una victoria importante con la elección como presidenta de la Tercera del Senado de Sara Castellanos, del partido Salvación Nacional, el que avaló a de la Espriella. A primera vista, el Gobierno tendrá las mayorías en esas células legislativas gracias al Centro Democrático, pero, sin sus votos, el Pacto Histórico, los verdes y algunos congresistas disidentes de los partidos tradicionales pueden frenar las reformas. La segunda iniciativa importante tiene que ver con la descentralización y la transferencia de más recursos del Estado central a las regiones. El ministro Lara anunció que retirará la propuesta de la llamada ley de competencias que radicó el Gobierno Petro, y propondrá una nueva que, dijo, preparará en alianza con los gobernadores y los alcaldes. “Aquí hay un compromiso de descentralización”, dijo Lara en medios de comunicación. Este proyecto de ley debe discutirse en las comisiones primeras, que presidirán durante el primer año dos aliados de De la Espriella: el senador Enrique Gómez, de Salvación Nacional, el parlamentario más cercano al presidente; y el representante a la Cámara Jaime Uscátegui, del Centro Democrático. De nuevo, las mayorías en favor del Gobierno dependerán de los votos del uribismo. Por eso, días antes de la posesión, figuras cercanas a De la Espriella han llamado a la concordia. Primero fue el estratega de campaña y amigo personal del presidente, Carlos Suárez, quien ha tenido diferencias públicas con el expresidente desde hace años. Suárez publicó un mensaje en sus redes sociales en el que “daba por terminada” la pelea. Luego, el mismo De la Espriella llamó a Uribe para limar asperezas. Y el ministro Lara ha hecho énfasis en la buena relación que espera construir con el Centro Democrático. Incluso han bajado el tono varios de los influencers radicales que apoyan al Gobierno y han mantenido una guerra digital con el uribismo. Vincenth Ramos, uno de los más extremos, publicó un mensaje en X en ese sentido: “Hoy, más que nunca, nuestra misión debe ser defender la Patria Milagro, trabajar por el bienestar de todos los colombianos y dejar definitivamente enterradas las diferencias del pasado”.Esa actitud conciliadora ha recibido respuestas positivas. Uirbe no solo fue a la posesión, sino que compartió un comunicado de De la Espriella en sus redes sociales, y publicó un mensaje de respaldo en X: “Necesitamos que el nuevo gobierno tenga muchos éxitos y deseamos que el ejercicio de oposición sea con argumentos. Que la violencia esté ausente”, escribió. El presidente del Congreso, Honorio Henríquez, leyó un discurso tras poner la banda presidencial a De la Espriella, en el que expresó el respaldo de su partido al Gobierno, pero dejando advertencias. “No será esta una hora para pasar por encima de las colectividades políticas, sino de reconocerlas”, dijo. Su mensaje es claro: el presidente de la República necesita del uribismo.