NoticiaMientras el mundo destina unos US$ 750.000 millones a expandir esta herramienta, su impacto comienza a sentirse en la vida de millones de personas.La Inteligencia Artificial (IA) comienza a consolidarse como uno de los pilares de la nueva economía digital. Foto: NuekPERIODISTA ECONÓMICO09.08.2026 12:12 Actualizado: 09.08.2026 12:12

La mayoría de las personas asocia la inteligencia artificial con asistentes virtuales capaces de responder preguntas o generar imágenes. Hoy, la IA ya ayuda a decidir si una compra con tarjeta parece legítima, identifica comportamientos inusuales antes de autorizar una transacción y anticipa fallas para evitar que una plataforma bancaria deje de funcionar. Lo hace en cuestión de segundos y, casi siempre, sin que el usuario llegue siquiera a percibirlo.Esa revolución silenciosa explica por qué el mundo está entrando en una nueva carrera de inversiones. El Swiss Re Institute estima que durante 2026 los grandes proveedores tecnológicos destinarán cerca de 750.000 millones de dólares a centros de datos, sistemas energéticos y redes que harán posible el funcionamiento de la IA a gran escala. Más que una apuesta por una tecnología de moda, la IA comienza a consolidarse como uno de los pilares de la nueva economía digital. LEA TAMBIÉN Detrás de esa inversión hay un cambio de enfoque. Durante años, buena parte de la tecnología se diseñó para reaccionar cuando un problema ya había ocurrido. Ahora el objetivo es anticiparse. Detectar una anomalía antes de que se convierta en fraude, identificar una falla antes de que un servicio colapse o prever riesgos que puedan afectar la operación de una empresa.Ese principio ya puede verse en situaciones cotidianas. Imagine una persona que compra café todas las mañanas, a la misma hora y en el mismo establecimiento. Minutos después aparece una compra de alto valor desde otro dispositivo y en otra ciudad. Hoy los sistemas pueden comparar ese movimiento con el historial del usuario y determinar si corresponde a sus hábitos habituales antes de autorizar la operación. La pregunta deja de ser cuál es la clave correcta y pasa a ser si quien intenta pagar realmente es el propietario de la cuenta.Ese cambio está transformando la prevención del fraude. Los modelos de IA aprenden los patrones de comportamiento de cada usuario y, cuando detectan movimientos atípicos, generan alertas antes de que la operación sea aprobada. La necesidad de avanzar en esa dirección no es menor.Según cifras citadas por Akua con base en información de Asobancaria, en Colombia se registran cerca de 94 ataques por segundo contra entidades financieras y sus clientes. A ello se suma que cada consumidor víctima de fraude reporta pérdidas promedio de 5,8 millones de pesos, según datos de TransUnion.Cada consumidor víctima de fraude reporta pérdidas promedio de 5,8 millones de pesos. Foto:iStockAlto volumen de informaciónPero el alcance de la IA va mucho más allá de bloquear operaciones sospechosas. El crecimiento de los pagos digitales y de las transferencias inmediatas ha elevado la presión sobre los sistemas tecnológicos del sector financiero, obligándolos a detectar posibles fallas antes de que afecten a los usuarios.Un ejemplo es Bre-B, el sistema de pagos inmediatos impulsado por el Banco de la República, que ya supera las 1.300 millones de transacciones, registra más de 112 millones de llaves y procesa más de cinco millones de operaciones diarias. Ese volumen hace casi imposible depender solo de la supervisión humana. La respuesta ha sido incorporar herramientas capaces de analizar grandes volúmenes de información en tiempo real para identificar señales tempranas y resolver muchas incidencias antes de que el cliente siquiera advierta que existieron.Esa transición ya comenzó en Colombia. Según el Informe de Gestión Gremial 2024 de Asobancaria, citado por BMC Helix, el 73 por ciento de las entidades financieras del país cuenta con implementaciones basadas en IA. La tecnología no solo ayuda a reforzar la seguridad, sino también a optimizar recursos, reducir tiempos de indisponibilidad y sostener la operación de un ecosistema que mueve millones de transacciones cada día. LEA TAMBIÉN Aunque la banca ofrece algunos de los ejemplos más visibles, el fenómeno trasciende ese sector. Para el Swiss Re Institute, la economía mundial atraviesa un cambio estructural en el que la AI dejó de verse solo como una herramienta para mejorar la productividad y pasó a convertirse en un componente estratégico para hacer más resilientes a las empresas y a las economías.Por eso buena parte de las inversiones previstas para 2026 no se concentrarán en aplicaciones visibles para el consumidor, sino en la construcción de los cimientos que permitirán que la IA opere a gran escala. Centros de datos, capacidad energética y sistemas de procesamiento forman parte de esa nueva ola de inversión que acompañará el crecimiento de la economía digital.La lógica es sencilla: cuanto más dependen las empresas de procesos digitales, mayor es la necesidad de que esos sistemas sean seguros, estables y capaces de anticipar riesgos. Por eso sectores tan distintos como la logística, el comercio electrónico, la banca o los servicios empresariales están incorporando IA para gestionar problemas que hace apenas unos años solo podían resolverse cuando ya habían ocurrido.Mientras esas inversiones se cuentan en cientos de miles de millones de dólares, sus efectos empiezan a sentirse en acciones cotidianas aparentemente insignificantes. Un pago aprobado en segundos, una compra bloqueada por precaución, una aplicación bancaria que permanece disponible durante una jornada de alta demanda o una transferencia que se realiza sin interrupciones son ejemplos de decisiones respaldadas por sistemas capaces de aprender, identificar patrones y anticipar comportamientos.Los pagos inmediatos han generado un nivel tan alto de transacciones que exige más controles. Foto:CredibancoEse panorama también ayuda a desmontar una de las ideas más extendidas sobre la IA: que su principal función consiste en reemplazar a las personas. En muchas de las aplicaciones que ya operan en la economía, la IA actúa como un sistema de apoyo que procesa información a una velocidad imposible para un ser humano, identifica anomalías y suministra elementos para tomar mejores decisiones.La mayor transformación, entonces, quizá no sea que la IA responda preguntas o genere imágenes. El cambio más profundo ocurre cuando comienza a operar de forma casi imperceptible detrás de los servicios que millones de personas utilizan todos los días.La inteligencia artificial dejó de ser una promesa del futuro. Comenzó a convertirse en una tecnología silenciosa que anticipa problemas, fortalece la seguridad y sostiene buena parte de la arquitectura digital sobre la que ya funciona la economía. Aunque muchas personas todavía no lo adviertan, probablemente ya interviene en varias de las decisiones que acompañan su vida cotidiana. LEA TAMBIÉN Sigue toda la información de Economía en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.