Tienes que conocer a Ana Boffa. Tienes que ir a su taller, te va a encantar todo lo que tiene all� metido". Cuando dos personas distintas te hacen la misma sugerencia con parecido entusiasmo, empiezas a pensar que tal vez te est�s perdiendo algo si no les haces caso. Para rematar, Ana Boffa se me aparece en cuerpo y esp�ritu junto al antiguo teatro Alb�niz, antes del desfile de Eduardo Navarrete en Madrid es Moda. "Ven a mi taller cuando quieras", me invita la due�a de uno de los �ltimos atelieres artesanos de bolsos que quedan en la capital. Y como a la tercera va la vencida, all� que me planto.

En un local a pie de calle en el barrio del Pilar, lejos de los pol�gonos industriales, Anabella Boffa trabaja casi con la puerta abierta. "Me tocan al timbre, entran, preguntan, charlamos...", cuenta. De hecho, mientras me abre uno de los muchos cajones donde guarda piezas pret�ritas (remaches, hebillas, clips, boquillas de las de antes) entra en el local una pareja con un beb�. Ella trae un bolso falso de Loewe (esto no es apreciaci�n personal, es lo que cuenta sin rubor alguno su propietaria) que se le ha roto y conf�a en que Ana se lo pueda arreglar. "Ya no acepto arreglos, no me da la vida", declina amablemente Boffa. "Adem�s, para poder arreglar el bolso tendr�a que desmontarlo entero. Al final te va a salir caro el bolso barato". Cosas que pasan.Ana Boffa tiene en su taller una muestra de sus bolsos expuesta junto a las m�quinas donde en soledad confecciona los que le encargan dise�adores como Maison Mesa, Eduardo Navarrete o Ugo Boulard. "Mi infraestructura me permite hacer peque�as tiradas. Eso no lo hacen muchos", explica. Y a�ade: "Para hacer una partida de 20 o 30 bolsos tienes que movilizar a mucha gente o muchas m�quinas y a muchos talleres eso no les sale rentable". En su caso, la escala es otra: trabaja ella sola y eso le permite "diversificar mucho", hacer "muchos modelos diferentes en pocas cantidades".El suyo es uno de los �ltimos talleres artesanos de bolsos de Madrid, explica, y pr�cticamente el �nico que no trabaja en exclusiva para una sola marca.FOTO: Sergio Enr�quez-NistalAccidentes del destinoNada en su trayectoria responde a un plan cerrado. M�s bien al encadenamiento de circunstancias que ella resume con una idea que repite varias veces a lo largo de nuestra entrevista: "Yo he tenido much�sima suerte. Todo se me ha ido dando org�nicamente". Nacida en Argentina en 1977, estudi� Dise�o Industrial de Indumentaria. Su llegada a Espa�a, a finales de 2003, no tiene que ver con una estrategia profesional sino con una historia personal: all� conoci� al que despu�s ser�a su marido, espa�ol, y se instal� en Madrid tras casarse en 2004.El oficio llega despu�s, por v�a familiar. "Me met� en el taller porque en ese momento era muy dif�cil encontrar trabajo". El taller era el de su suegro, dedicado a la marroquiner�a y que trabajaba fundamentalmente por encargo para diferentes tiendas madrile�as. Y ah� Ana Boffa aprendi�. Desde abajo. "Empec� desde lo b�sico: un lujado, un vuelto... Me iban ense�ando los trabajadores del taller". Ese aprendizaje pr�ctico se convertir�a en la base de todo lo que vendr�a despu�s.Cuando su suegro se jubila, en plena crisis, alrededor de 2008, Ana Boffa toma una decisi�n: "Liarme la manta a la cabeza". Y se queda con el taller del suegro. "Fue muy duro", explica. No solo por la carga de trabajo, sino por el momento econ�mico: "Los clientes iban cayendo como moscas. Cerraban muchas tiendas en aquel momento para no volver a abrirse nunca".Ese contexto la empuja, casi sin alternativa, a arrancar su propia marca. Y tambi�n redefine su posici�n dentro del negocio. Durante a�os trabajar�a para otros desde un lugar invisible: "Eras una herramienta de una marca o de un dise�ador. Ni te nombraban". Bolsos de 200 euros, bolsos de 5.000 euros, dos lenguajes diferentesAna Boffa es actualmente quien elabora los bolsos de dise�adores como los mencionados m�s arriba. En paralelo, mantiene su propia l�nea, que vende bajo su nombre. Pero no hay en ello una l�gica de crecimiento ni de expansi�n. M�s bien lo contrario. "No los difundo mucho", dice. La raz�n es simple: capacidad. Trabaja sobre todo por encargo, adaptando modelos, colores, detalles. Los tiempos que maneja actualmente evidencian su nivel de actividad: "Ahora estoy tardando un mes y medio en entregar, tengo una lista de espera bastante larga".Ese ritmo es dif�cilmente negociable. Porque el tiempo, en su caso, no es una variable abstracta sino un material m�s del proceso. "Aqu�, y esto se lo cuento a los chicos que vienen de pr�cticas, todo depende. Depende del modelo, de la piel, del uso... Hasta del clima". Porque si hay humedad, el secado de los cantos -que ella hace con aire caliente, sin horno- se ralentiza.Esa misma l�gica atraviesa su manera de pensar el producto. Sus bolsos, que no superan los 200 euros ("de 85 a 200", puntualiza), se sit�an en un lugar singular dentro del mercado. Demasiado cuidados para ser consumo r�pido, demasiado accesibles para ser lujo. Pero Boffa no entra en esa dicotom�a en t�rminos morales. La explica en t�rminos de significado."Cuando t� pagas 5.000 euros por un bolso, no est�s comprando un bolso, eso hay que tenerlo claro", dice. "Porque evidentemente un bolso es un contenedor para llevar las cosas del d�a a d�a". Lo que se compra con 5.000 euros, dice, es otra cosa: "Lo que el bolso dice de ti". Estatus, en definitiva.La artesana con algunos de sus bolsos, en su taller.FOTO: Sergio Enr�quez-NistalEspeciales y duraderosFrente a ese planteamiento, su propuesta es otra: uso, durabilidad, adaptaci�n. "Mi clienta quiere usar el bolso. Para ella no es un capricho". Sus dise�os buscan precisamente eso: piezas transformables, que puedan llevarse de distintas maneras, que se adapten a distintas situaciones. Y tambi�n a distintos cuerpos. Habla de clientas con problemas de movilidad en las manos, de la necesidad de hacer tiradores m�s grandes, cierres m�s accesibles, compartimentos seguros. Su best seller: un bolso que se convierte f�cilmente en mochila.Inactiva en redes y con la web anticuada, sin invertir un euro en m�rketing, el cliente llega a Anabella Boffa, en la mayor�a de los casos, por recomendaci�n. Puro boca a boca. Y, sin embargo, el taller funciona. Porque ofrece algo que no es f�cil encontrar fuera: diferencia. "Si te compras el bolso en un centro comercial... es para llevar lo mismo que todo el mundo. Si alguien quiere diferenciarse, busca sitios como este. Lo noto mucho en mi clientela. Cada vez viene m�s gente joven, atra�da por la idea de tener un objeto que es �nico".Y tanto que lo es. En ocasiones, gracias a ese caj�n de sastre heredado del suegro de donde cada tanto salen maravillas, restos de otra �poca. "Hay cosas con unas calidades espectaculares que ya no se hacen". A veces aparecen cinco o 10 unidades de un elemento antiguo y eso se convierte en una peque�a serie. Una forma de exclusividad que no tiene que ver con el m�rketing, sino con la escasez real.Una de las m�quinas de coser con las que trabaja en su taller Ana Boffa.FOTO: Sergio Enr�quez-NistalPero si hay una idea que atraviesa todo su discurso es la del oficio. Y su posible desaparici�n. Boffa quiere formar a gente. Lleva a�os d�ndole vueltas. "Tengo la espinita de recuperar la marroquiner�a", explica. Frente a la l�gica dominante -especializaci�n, fragmentaci�n- propone lo contrario: aprender todo. "Cuanto m�s controle una sola persona, mejor le va a ir". Yo me lo guiso, yo me lo como a manera de estrategia de supervivencia. Saber hacer todo permite resistir. "Si hay crisis o baja la venta, puedo hacerlo yo sola", resume su filosof�a.Tambi�n implica otra forma de entender el trabajo. "Estoy donde quiero estar. Vivo bien". No hay ambici�n de crecimiento ilimitado, "soy una persona muy sobria". El trabajo forma parte de su vida, le encanta: "Invierto en �l 60 horas semanales, que no est� nada mal". Y, en medio de todo, pese a la incertidumbre que empapa todo lo que ocurre hoy, se mantiene optimista. Piensa, de hecho, que estamos en un momento de transici�n. Que la tecnolog�a -y menciona expl�citamente la inteligencia artificial- va a empujar de nuevo hacia arriba los oficios. "Va a empezar un nuevo arts and crafts", cree. Y a�ade: "La IA me podr� decir qu� dise�o quiere. Pero si yo no se lo hago...". Al menos, de momento.