La teoría de la interdependencia hegemónica concibe el orden global no como una red plana de unidades soberanas, sino como una estructura de circuitos de interconexiones múltiples, complejas y profundas en seis dimensiones (sociopolítica, coalicional, económica, defensa, tecnológica e ideológica) monopolizados por constelaciones específicas de poder estatal que ejercen una preponderancia asimétrica. Asimismo, la hegemonía compartida, surge cuando este monopolio estructural se fractura entre dos bloques principales, sin que ninguno de ellos logre consolidar un control estable sobre la totalidad de las dimensiones del sistema internacional. Actualmente, esta Interdependencia Hegemónica Cuadrangular divide el poder mundial y se organiza en un norte occidental (liderado por Estados Unidos y Europa), que controla los circuitos institucionales y financieros tradicionales; el norte oriental (encabezado por China y Rusia), que concentra la mayor densidad de poder relativo y construye redes alternativas; y el sur global, dividido en un sur oriental alineado a la órbita sino-rusa, y un sur occidental —donde se destaca la India— que ejerce un arbitraje activo para maximizar su autonomía estratégica. En esta matriz, los conflictos de Ucrania y Medio Oriente no son crisis regionales aisladas, sino los frentes más críticos de la dimensión de seguridad del sistema. Ucrania representa el límite geográfico donde el norte occidental defiende de forma activa su circuito de seguridad frente al desafío ruso. Por su parte, Irán actúa como un nodo clave del norte oriental, cuya función consiste en tensionar la normatividad institucional, desafiar la provisión energética y ensayar teatros de conflicto cuyas tácticas y armas son evaluadas directamente por China para su propia competencia por la primacía global.