Único equipo sin puntos en el torneo. Único equipo sin goles. Cuatro derrotas consecutivas en la Liga y seis por torneos locales, si se cuenta la final perdida ante Belgrano y la eliminación de la Copa Argentina ante Aldosivi. Peor inicio de la historia profesional. Para este River, cada dato es un puñal. Una piña para un presente con forma de pesadilla, que ayer tuvo otro episodio en Victoria, en el 0-1 ante Tigre, por un gol de Ignacio Russo luego de una mala salida de Aníbal Moreno. ¿Y ahora qué? Porque la frase de siempre se puede estar peor empieza a ilustrar la actualidad millonaria, por más de que la dirigencia siga cerrando refuerzos de nivel europeo, como el de Thiago Almada, o como los anteriores de Correa, Santos Borré u Otamendi. Lo más preocupante, además de los resultados, es el juego del equipo de Coudet, que ayer admitió que no le queda mucho margen. Sin asociación entre las líneas, sin creación de juego, con más pases horizontales que verticales, y sin generar situaciones de peligro, River continúa sin sumar unidades ni convertir goles en lo que va de la competencia.

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