A más de siete siglos de la travesía que Dante Alighieri imaginó junto a Virgilio, la obra de Carlos Alonso reinterpreta ese descenso para interrogar la historia reciente con una exposición que plantea un recorrido articulado en cinco núcleos temáticos —Manos Anónimas, Infierno, El ganado y lo perdido y Hay que comer— que indagan en los pliegues de la violencia, la pérdida y la resistencia.

En este sentido, la propuesta curatorial, a cargo de la historiadora del arte y doctora en bienes culturales Romina Cervi, busca descentrar la mirada tradicional sobre el acervo provincial para proponer una estructura cinematográfica. “Nos convocaron para armar una muestra incluyendo el acervo de la provincia, que es ‘Manos Anónimas’. Pero como estamos muy acostumbrados a verla con una impronta muy política, para sacarla de ese contexto y contarla de otra manera, decidimos incluir otras series. Mi curaduría siempre parte como una narrativa, como si fuera una especie de película. Me gusta curar así, de manera tal que el hilo curatorial sea una historia”, empieza contando Cervi a Perfil Córdoba.

El ser humano como territorio del infierno

El eje conceptual de la exhibición no ubica el infierno en un plano metafísico sino que lo sitúa en la conducta del hombre, una perspectiva que nació a partir de reflexiones informales y debates teóricos que terminaron dando forma a la tesis doctoral de la curadora. “Se llama En los círculos del infierno porque se lo ve a Carlos Alonso como si fuera Virgilio en la Divina Comedia. Y aquí el infierno está tomado como el ser humano; es un recorrido por los aros de lo que compone la humanidad. Esto surgió de una charla con amigos, cuando alguien habló del ‘ser humano’, y otro respondió: ‘No uses la palabra ser humano como sinónimo de la bondad o la sensibilidad, porque los seres humanos somos lo peor de lo peor también’; y yo me quedé pensando en eso mientras hacía mi tesis”, recuerda la curadora.