En Esperando a Godot, Vladimir y Estrag�n aguardan a una persona que nunca llega. Los vagabundos aun as� no desesperan y siguen a la expectativa junto al camino. Al final de cada d�a, sin falta, escuchan al mismo mensajero que les anuncia que Godot "no vendr� hoy, pero ma�ana sin falta". Para Kosovo, la espera y la par�lisis son la misma rutina que la de esos personajes de Samuel Beckett. En el ya lejano 2008, el pa�s declar� su independencia, pero Serbia recoge en su Constituci�n que Kosovo es parte inalienable de su territorio, por lo que jam�s lo admitir�.Cinco pa�ses de la UE, incluido el nuestro, no reconocen su soberan�a ni tienen visos de hacerlo, lo que aleja a su 1,6 millones de habitantes -m�s el medio mill�n que vive en la di�spora- del sue�o de integraci�n en la Uni�n Europea. De hecho, es el �nico territorio de los seis aspirantes de los Balcanes Occidentales sin el estatus de candidato oficial. En los �ltimos meses, adem�s, Kosovo ha tenido que celebrar elecciones nada menos que en tres ocasiones: en la �ltima, el pasado 7 de junio, no se logr� una mayor�a contundente y los partidos siguen discutiendo qui�n ser� el pr�ximo presidente. Debe de ser como el "ma�ana sin falta" de la obra m�s c�lebre del teatro del absurdo.Pero la espera y la par�lisis que m�s dolor causan entre los kosovares es que la herida de la guerra que enfrent� a Serbia con la guerrilla albanesa de Kosovo (1998-1999) siga sangrando como si no hubieran transcurrido tres d�cadas. Porque aquella contienda seg� la vida de m�s de 13.000 personas, 11.000 de ellos albanokosovares, la mayor�a civiles. Pero, tantos a�os despu�s, el paradero de unos 1.600 de aquellos es una inc�gnita y un tormento para las familias que no han podido enterrar a sus muertos.Las autoridades anunciaron a principios de esta semana que hab�an descubierto una nueva fosa com�n en la regi�n de Zubin Potok, en el norte de Kosovo, y los restos de al menos 11 personas, que est�n siendo identificados en un laboratorio. "Seg�n las primeras evaluaciones, pertenecen a v�ctimas de desapariciones forzadas durante la guerra", confirm� la Comisi�n Gubernamental para las Personas Desaparecidas y recogi� Afp.El hallazgo coincide con el comienzo en Pr�stina del juicio en rebeld�a de 21 serbios acusados de haber participado o instigado la masacre de Ra�ak (Re�ak en alban�s) en enero de 1999, entre ellos el que fuera jefe de Inteligencia Radomir Markovic, el entonces jefe de Polic�a, Obrad Stevanovic, y el ex responsable de operaciones especiales, Goran Radosavljevic, conocido como Guri, y al que la fiscal�a kosovar sit�a como el mando operativo en el asalto a la aldea. Markovic cumple una condena de 40 a�os en Belgrado por cr�menes de Estado durante el r�gimen de Slobodan Milosevic, incluido el asesinato del ex primer ministro serbio Ivan Stamboli, mientras los otros dos est�n en libertad.El primer ministro de Kosovo, Albin Kurti, en una fosa com�n reci�n descubierta en el norte del pa�s.A. NIMANIAfpEn Ra�ak, 45 civiles fueron asesinados en una matanza que se atribuy� a las fuerzas serbias y que impuls� la campa�a de bombardeos de la OTAN a Serbia, en marzo de 1999, que puso fin a la guerra. Las fuerzas serbias se retiraron entonces de Kosovo y la Alianza Atl�ntica despleg� una fuerza internacional para el mantenimiento de la paz, la KFOR, que a�n mantiene unos 4.700 efectivos sobre el terreno. El Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia incluy� en el a�o 2000 esta masacre en la acusaci�n contra Milosevic por cr�menes de guerra."Ejecuciones a quemarropa"El tribunal, dirigido por la juez Violeta Namani Hajra, especialista en cr�menes de guerra, exigi� sin �xito a los acusados que se entregaran a las autoridades de Kosovo y emiti� una orden internacional de detenci�n contra ellos. El escrito de acusaci�n detalla c�mo las fuerzas serbias bombardearon primero el pueblo de Ra�ak para despu�s registrar las viviendas y "ejecutar a quemarropa" a "personas desarmadas". Serbia, por su parte, sigue afirmando que los muertos eran guerrilleros armados."Este juicio tiene una importancia enorme para Kosovo", explica a este peri�dico la investigadora kosovar Donika Emini, del Centro de Estudios sobre el Sudeste de Europa de la Universidad de Graz, en Austria. "El caso de Ra�ak representa un punto de inflexi�n en la forma en que la comunidad internacional percibi� la guerra y, desde una perspectiva jur�dica, es un reto ambicioso. Conviene recordar que el sistema de Justicia posterior fue construido y administrado en gran medida por la comunidad internacional", destaca esta analista."La ausencia de los acusados limita inevitablemente el impacto pr�ctico del proceso y, hasta cierto punto, el juicio seguir� siendo en gran parte simb�lico. Sin embargo, el simbolismo no debe subestimarse; la rendici�n de cuentas importa incluso cuando llega d�cadas despu�s", esclarece esta analista. "La justicia no consiste solo en lograr condenas; consiste tambi�n en reconocer el dolor, preservar el registro de los hechos y demostrar que los cr�menes cometidos durante la guerra no se desvanecer�n con el paso del tiempo", a�ade.Para ella, este juicio supone, ante todo, "un reconocimiento para las familias de las 45 v�ctimas y los supervivientes de Re�ak, que han cargado con el peso de la p�rdida mientras esperaban que la Justicia se pusiera al d�a", mientras "preservaban la memoria de sus seres queridos, sintiendo que su sufrimiento nunca hab�a sido plenamente reconocido a trav�s de un proceso espec�fico". Pero la relevancia, asegura, va mucho m�s all� para Kosovo: "Es uno de los cr�menes cuya propia naturaleza sigue siendo objeto de disputa y negaci�n por parte del r�gimen en Serbia. En ese sentido, el juicio no busca �nicamente la responsabilidad individual; tambi�n reafirma un relato hist�rico establecido a trav�s de un procedimiento judicial". "Uno de los mayores obst�culos en la actualidad es la persistencia del revisionismo hist�rico", subraya.Porque las tensiones entre Serbia y su antigua provincia, cuenta esta investigadora, est�n aumentando y el di�logo facilitado por la UE en los �ltimos tiempos para una normalizaci�n de las relaciones ha fracasado. "La reconciliaci�n pr�cticamente ha desaparecido de la agenda: la juventud de ambos lados se distancia cada vez m�s, y las narrativas b�licas de los 90 han vuelto con fuerza. Cuanto m�s encallado queda el proyecto de la UE y m�s se prolonga el di�logo de Bruselas, m�s quedan relegados los Balcanes Occidentales en la agenda internacional, dejando la situaci�n atascada en un statu quo con un riesgo serio de deterioro", destaca Emini.La investigadora, especializada en gobernanza y seguridad, detecta adem�s algo inquietante: "Las generaciones m�s j�venes est�n resultando ser m�s nacionalistas que quienes vivieron la guerra directamente".