Dice Bob Sinclar que ya no le interesa pinchar en Ibiza porque en la isla el clubbing ha muerto y la escena se ha convertido en un espect�culo para vips. Resulta que a �stos, a los vips, lo �nico que les interesa es hacerse selfies y descorchar botellas caris�simas. Bailar, corear, acompa�ar los subidones y, en fin, participar del ritual de la sesi�n, sudor contra sudor, no va con ellos. Y eso, si eres dj, duele.
Lo de Sinclar viene a recordarnos que la m�sica en vivo, sea una sesi�n de dj o un concierto, es necesariamente cosa de dos: quien ocupa el escenario y el p�blico, y que entre ellos debe existir una qu�mica, la de dos partes que se retroalimentan, porque en los espect�culos musicales la energ�a fluye en ambos sentidos; el p�blico tambi�n es el espect�culo. As� que igual de malo es un mal concierto que un mal p�blico.Pero de unos a�os a esta parte, ese pacto se ha deteriorado. Ha proliferado un p�blico cada vez m�s pasivo, menos concentrado, m�s atento a su m�vil que a la m�sica y al entorno. Andrea Rosa del Pino, chilena, 35 a�os, 11 en Madrid, lo atribuye en parte a cuestiones generacionales: "El a�o pasado fui al Boombastic en Asturias. �Promedio de edad? De 17 a 22 a�os. Yo all� era un dinosaurio. Cuando miraba al p�blico me quer�a morir. No recuerdo haber visto gente m�s sosa en mi vida. A la Generaci�n Z le falta como saz�n. Dicen ser fan�ticos de ciertos artistas y luego no se saben ninguna canci�n. No s�. Molesta". Pero hay algo peor que un p�blico ausente; un p�blico demasiado presente. "S�. Yo soy esa se�ora que se queja porque la gente va a conversar y no a escuchar. Me parece maravilloso que quieras hablar con tus amigos..., pero �tienes que hacerlo justo cuando Alanis Morissette est� tocando?", se queja Andrea. Marta Kornelski, 31 a�os, madrile�a, comparte el lamento: "No se habla durante los conciertos. Da igual que sea m�sica cl�sica o punk. Si quieres hablar, te vas fuera. Es una cuesti�n de respeto hacia el p�blico y los artistas".Andrea Rosa, Marta Kornelski, Roc�o Guille e Irene Nadal, voces de este reportaje, pertenecen a ese tipo de p�blico que sostiene y defiende el esp�ritu de espect�culo integral del festival. Las cuatro conocen bien el ecosistema, �se que se genera en cada uno de los m�s de mil festivales que tienen lugar al a�o en nuestro pa�s (unos 750 en verano). No todas llegan al nivel de Andrea, que asiste a unos 20; pero las cuatro comparten su devoci�n por una misma idea: la de que un festival no consiste en estar, sino en participar. Escuchar. Bailar. Emocionarse. Y permitir que los de alrededor hagan lo mismo.Irene Nadal. 33 a�os. Media de ocho festivales al a�o. Favoritos: Muwi La Rioja Music Fest, SanSan. G�neros: indie-rock, salsa, funk, hip-hop, algo de reguet�n.FOTO: D.R.Irene Nadal, almeriense, 33 a�os, considera el festival un lugar donde conocer gente y compartir tiempo y charleta con amigos. Pero sobre todo, bailar: "Para m� el baile es siempre obligatorio". Como las dem�s, cree en unas normas b�sicas de convivencia festivalera. "Si est�s en las primeras filas, se entiende que no quieres tener en la oreja al t�pico pesado que le est� contando a otro lo que hizo el fin de semana o a qui�n se quiere ligar esta noche. M�s atr�s, en las zonas abiertas, hablar no es un problema". Aunque entre 55.000 personas siempre tiene que haber alguien dispuesto a molestar. "He discutido con mucha gente: con los que intentan colarse, con el t�pico pesado que no deja en paz a tu amiga, y hasta con el que fue mi novio durante unos a�os. El cansancio, el alcohol y los celos no suelen ser una buena combinaci�n", comparte Roc�o Guille, 32 a�os, madrile�a. En cualquier caso, lo que est� claro es que pese a los que parecen siempre dispuestos a aguar la fiesta, �sta sigue mereciendo la pena.El primer festival de la directora creativa y manager&PR Marta Kornelski sucedi� hace media vida ya: "Fue el Brujas Festival, en Daimiel. Ten�a 15 a�os. Fui con todo mi grupo de amigos. Lo recuerdo como una experiencia incre�ble; y la primera vez que me sub� a hombros. Creo que cada vez que voy a un festival vuelvo un poco a aquella sensaci�n de descubrimiento...".El recuerdo m�s antiguo que conserva Roc�o es casi una aventura de supervivencia. "�ramos como un chiste: dos pelirrojas ingenuas con una maleta maleta llena de sue�os -y de crema solar factor 50-, pero nada realmente �til para sobrevivir cuatro d�as". Ella y una amiga llegaron al Arenal Sound (en Burriana, Castell�n) con una tienda de campa�a de segunda mano sin funda ni instrucciones. Fueron los vecinos quienes acabaron mont�ndosela. Hab�an acampado tan lejos de la entrada que tardaban m�s de una hora en llegar al recinto. Perdieron media programaci�n haciendo cola en Mercadona y sus zapatillas no sobrevivieron al viaje. "Recuerdo much�simo calor durante el d�a, fr�o por la noche, duchas que eran un instrumento de tortura..., pero tambi�n fue muy divertido".Roc�o Guille. 35 a�os. Sus festivales imprescindibles: Mad Cool, Primavera Sound y Bilbao BBK Live. G�neros favoritos: indie, rock y pop.FOTO: C�SAR APARICIOLas an�cdotas, tanto o m�s que las experiencias musicales, construyen las memorias festivaleras. Marta lo explica mejor que nadie cuando habla de esa "caja de recuerdos" que cada a�o vuelve a llenarse. "Para m�", dice, "los festivales son ciudades ef�meras. Lugares que nunca vuelven a repetirse exactamente igual. Nunca coincide el cartel ni la fecha ni hace el mismo tiempo ni va la misma gente. Por eso me gustan tanto. Siento que representan la m�sica y la vida en su m�xima plenitud". La imagen desplaza el foco. De pronto el festival deja de ser una suma de conciertos para convertirse en un territorio, real pero tambi�n simb�lico. Irene habla de una "sensaci�n de campamento, tres o cuatro d�as donde todo vale". Y a�ade: "Me encanta la m�sica y creo que en los festivales se amplifica esa sensaci�n m�gica que provoca en los humanos, no s�lo por la fiesta, sino por compartir el espacio con miles de desconocidos que tienen tu mismo gusto musical".Desconocidos que a veces dejan de serlo. Para Roc�o, est�n las amigas que aparecen en la cola del ba�o y desaparecen antes del amanecer. Y luego, "los amigos heredados": personas a las que no ve en todo el a�o, pero con las que acaba coincidiendo verano tras verano en alg�n festival. Luego est�n, claro, los romances, muchos de los cuales nacen y se extinguen en lo que dura una canci�n. "He vivido varias historias de amor en festivales", cuenta Marta Kornelski. "Hay una que nunca olvidar�: The Strokes sonando en Cala Mijas. Eso es todo lo que puedo contar. Mis amigos saben el resto", resume misteriosa. Roc�o Guille confiesa que, con ella, Cupido no ha tenido suerte: lleg� a comprar un abono extra para el chico que le gustaba y �ste acab� dej�ndola plantada para irse a ver a Dua Lipa. Irene Nadal recuerda entre risas c�mo un amigo �ntimo y ella creyeron estar ligando con otra pareja de amigos durante un set de Peces Raros, hasta descubrir que los otros dos eran novios entre s�.Andrea se sit�a en el extremo opuesto. "No interact�o con nadie en los festivales", asegura. No porque sea poco sociable, aclara, sino porque "no podr�a ir todos los a�os al Mighty Hoopla de Londres si dependiese de amigos. O al B�same Mucho de Los �ngeles. As� que voy sola... y siempre por la m�sica".Andrea Rosa del Pino. 35 a�os. Asiste a 20 festivales al a�o en todo el mundo. Preferidos: Mad Cool, Brava, R�o Babel, Lollapalooza (Chile, Argentina y Brasil). G�neros: todos, pero sobre todo pop.FOTO: D.R.A la soledad entre la multitud tampoco le hace ascos Roc�o Guille. De hecho, uno de sus consejos para sobrevivir a un festival es perder el miedo a separarse del grupo. "Ir solo a un concierto tambi�n es un planazo, sobre todo cuando hay tanta gente que encontrar a tus amigos es misi�n imposible. Y no dejes de ver a un grupo que te hace ilusi�n s�lo porque el resto quiera ir a otro escenario", recomienda. La idea contradice uno de los grandes t�picos festivaleros: el de la pandilla inseparable. Las cuatro hablan continuamente de amigos, s�, pero ninguna parece dispuesta a sacrificar un concierto por no despegarse del grupo. Quiz� porque todas han aprendido que un festival es tambi�n un lugar donde una acaba encontr�ndose consigo misma (para bien y para mal).La independencia te permite utilizar el festival como un laboratorio. Como Andrea: "Yo voy a ver a un m�sico o a una banda y me da igual si antes toca ver death metal. De hecho, suelo quedarme a conciertos de grupos que nunca hab�a escuchado s�lo para ver de qu� se trata". As� termin� en un concierto de K-pop "para comprender el fen�meno". Ahora dice entenderlo perfectamente, "aunque no lo volver�a a escuchar en mi vida", a�ade.La curiosidad la lleva incluso a conciertos de m�sicos que a priori no le interesan: "Hay que ir a ver a Katy Perry. �C�mo podr�a criticarla si nunca la he visto?". La frase resume bien su manera de entender la m�sica en directo. No se trata de confirmar prejuicios, sino de desmontarlos. Eso explica que aceptara ir a los premios de Bollywood sin entender una palabra de hindi o que incluso reconozca que ir�a encantada a un concierto de Hakuna: "Necesito ver ese �xtasis cat�lico en el que entra alguna gente".Marta Kornelski en acci�n, hace unos a�os.Marta comparte la curiosidad, aunque desde otro lugar. "Siempre me fijo much�simo en la letra peque�a del cartel porque ah� es donde suelo descubrir nuevas bandas. Creo que uno nunca deja de crecer mientras sigue descubriendo m�sica", opina. Roc�o lo resume con la sencillez de quien lleva a�os haci�ndolo sin pensarlo demasiado: �Una de las cosas que m�s me gustan es descubrir grupos nuevos y dejarme sorprender por ellos sin arriesgar demasiado".Primer paso: so�ar con el festivalEsa disposici�n a dejarse sorprender empieza, curiosamente, muchos meses antes de que se abra el primer escenario. Lo hace cuando aparecen las primeras confirmaciones del cartel y uno empieza a hacer c�balas, organizar vacaciones, convencer a amigos o asumir que, una vez m�s, tocar� viajar solo. "Disfruto much�simo el momento de las confirmaciones", cuenta Marta, "es algo que aporta ilusi�n al invierno, porque ya est�s imaginando todo lo que vas a vivir en verano�. Sigue los anuncios de Primavera Sound, de Mad Cool, pero tambi�n de peque�os festivales europeos para comprobar c�mo evolucionan los carteles y hasta hacer apuestas con sus amigos sobre qui�n acabar� fichando por qui�n. Ahora ya sue�a con ir el a�o pr�ximo a Glastonbury".Andrea tambi�n convierte los carteles en una especie de mapa del mundo. S�lo que el suyo es bastante m�s amplio. Si hace calor en Europa, recorre festivales espa�oles. Si aqu� es invierno, cruza el Atl�ntico para enlazar los Lollapalooza de Chile, Argentina o Brasil. "Durante los �ltimos seis a�os he logrado arreglar mi calendario para que en mi vida siempre sea verano", explica. Viajar para ir a un festival le parece tan natural que el a�o pasado acab� en OverOslo, en Noruega, un destino que probablemente nunca habr�a elegido sin m�sica de por medio. "Los festivales me dan la excusa perfecta para viajar a lugares random", reconoce.Andrea, en el Mighty Hoopla de Los �ngeles.FOTO: D.R.Hambre de emocionesSi las cuatro, de una forma u otra, hablan de curiosidad, tambi�n lo hacen de emoci�n. Y ah� aparece otra diferencia respecto a la forma actual de consumir m�sica. Porque en las plataformas digitales todo es inmediato, pero fr�o. Todo lo contrario que en un festival. "Creo que no hay nada que me haga sentir m�s viva que la m�sica", resume Andrea. Las cuatro describen recuerdos muy distintos, pero todos tienen algo en com�n: el concierto nunca es s�lo el concierto. Marta recuerda aquella tormenta que vaci� el escenario antes de Bikini Kill y le permiti� llegar con su amigo V�ctor a primera fila para ver a una banda que llevaba 30 a�os sin tocar en Europa. Tambi�n el regreso de los festivales tras la pandemia, con fuegos artificiales incluidos. Roc�o no olvida el d�a en que un amigo la subi� a hombros durante el concierto de Olivia Rodrigo en el Mad Cool. Acababan de romperle el coraz�n. "Cant� good 4 u hasta quedarme sin voz. Fue bastante terap�utico".Irene recuerda exactamente lo contrario. Durante un concierto de C. Tangana termin� bailando con sus amigas... de espaldas al escenario. "Lo que quer�amos era vivirlo juntas, no tanto verle la cara a Puchito", cuenta. Y Andrea todav�a se emociona al recordar el d�a en que, por fin, vio actuar en Chile a A*Teens, el grupo sueco que marc� su adolescencia. "Llor� mucho. Pero mucho". Al final, un festival es uno de los pocos lugares donde a nadie le sorprende que alguien termine llorando mientras miles de personas cantan exactamente la misma estrofa.Esa intensidad atraviesa todo lo que cuentan hasta el punto de que Andrea incluye entre sus tres consejos imprescindibles "llorar si te apetece. No hay nada peor que aguantarse las emociones. Ni nada m�s tr�gico que ver a un cuarent�n queriendo llorar viendo a Red Hot Chili Peppers y aguantarse de forma estoica". Las cuatro hablan tambi�n continuamente de libertad. La de emocionarse sin verg�enza. O cantar sin pensar si una desafina. O bailar aunque nadie m�s lo haga. O abrazar a un desconocido despu�s de una canci�n.Roc�o, en su primer festival, el Arenal Sound, donde fue con una amiga.FOTO: D.R.Hay un momento, sin embargo, en el que toda esa �pica choca con la realidad. Basta preguntarles qu� es lo peor de un festival para que la conversaci�n cambie de tonito. "Este a�o estoy un poco desencantada", reconoce Irene Nadal. "Creo que se repiten mucho los cabezas de cartel y que todos est�n cada vez m�s masificados, por lo que la experiencia no se disfruta igual", dice. Recuerda con especial cari�o el Sonorama de hace unos a�os "por el ambiente respetuoso y cercano que hab�a, por los conciertos y por la fiesta de d�a en el pueblo". Mal recuerdo le queda, sin embargo, del mismo festival hace dos ediciones, cuando, asegura, "vendieron m�s entradas de las que pod�an y aquello fue un despiporre: no hab�a seguridad, hubo avalanchas para ir de un concierto a otro, barras abarrotadas con horas y horas de cola...".Marta comparte el diagn�stico. "Me generan mucha ansiedad los problemas relacionados con la seguridad y los aforos. Ver un recinto demasiado lleno y pensar que podr�a ocurrir una tragedia es probablemente lo peor que vivo en un festival". Tambi�n lamenta que cuestiones tan b�sicas como el sonido, los accesos o el transporte sigan fallando incluso en los grandes eventos: "Los festivales grandes tienen presupuesto suficiente para evitar determinados errores y creo que deben asumir esa responsabilidad".Andrea ni siquiera necesita pensarlo cuando se le pregunta por el peor festival en el que ha estado: "El Primavera Sound de Madrid de 2023. Es que lo pienso y me da hasta dolor de cabeza. No hab�a forma humana de salir de ah�. Era mejor quedarse a acampar que esperar uno de los transfers o encontrar taxi". Tampoco entiende que algunos recintos obliguen a caminar kil�metros desde el metro o que se organice un festival en un pabell�n cerrado con pirotecnia: "Me parece peligros�simo".Las cuatro coinciden tambi�n en otra cr�tica menos visible para el gran p�blico: el sonido. Irene es especialmente contundente: "Es un tema que me indigna. Igual que el sonido en las salas de Madrid. No tenemos ni una que suene decente". Andrea cree que "el 90% de los festivales se escuchan fatal" y que, si uno busca verdadera calidad, tiene que acudir a formatos m�s peque�os.Irene Nadal, en el Pirineos Sur de hace unos a�os.FOTO: D.R.Pero basta con que la conversaci�n abandone la organizaci�n y vuelva a las personas para que reaparezca el humor. Roc�o todav�a se acuerda del d�a en que intent� subir a hombros, por primera vez, a la novia de un amigo: "No sali� bien. Ahora somos muy amigas, pero tuvimos un comienzo muy de pel�cula mala de los 90". O aquel festival donde coincidi�, inevitablemente, con un chico que meses antes le hab�a hecho ghosting. "Nos saludamos cordialmente, fingimos demencia y cada uno sigui� a lo suyo", cuenta.Luego est�n esas peque�as lecciones que s�lo se aprenden a base de festivales. Roc�o recomienda hacerse amiga de la gente que trabaja en las barras, no perder nunca el cord�n del vaso reutilizable y esperar a que se vac�e el recinto antes de salir para evitar el colapso de taxis y VTC. Andrea no perdona el gel hidroalcoh�lico. Irene siempre lleva chucher�as "por el calor". Marta nunca olvida el cargador del m�vil y una bater�a port�til. Y las cuatro coinciden en que, antes o despu�s, uno aprende que la comodidad acaba imponi�ndose a cualquier otra consideraci�n est�tica.Eso no significa que la ropa sea irrelevante. Al contrario. Todas reconocen que el festival tiene sus c�digos visuales, aunque ninguna parece dispuesta a sacrificar la experiencia por un buen estilismo. Roc�o, por ejemplo, lleva a�os confiando en las mismas Dr. Martens: "Nunca sabes c�mo va a estar el suelo de los ba�os y prefiero morir de calor que de asco". Como ella, Marta hace hincapi� en un calzado que aguante lo inaguantable. Irene nunca volver� a ponerse un mono en un festival y Andrea siempre va con falda por la misma raz�n.Es probable que, en este mismo momento, las cuatro voces de este reportaje y sus respectivos cuerpos est�n bailando en lo m�s profundo de las tripas de un festival o tal vez pensando ya en el siguiente. Andrea lo devorar�. Roc�o lo vivir� como una f�brica de historias. Irene lo sentir� comunidad. Y para Marta ser� una ciudad por descubrir. Disfrutar la experiencia como ellas lo hacen es lo mejor que podemos desearle a quien ha llegado hasta este punto final. Feliz verano y muy feliz festival.







