8 de agosto, 2026 - 07h30Hemos visto con impacto la llegada de miles de marroquíes a Ceuta y Melilla (España). Dramático para los que llegan y también para los allí residentes. Por eso, la primera reacción es de dolor. ¿Por qué no logramos tener un mundo con menos problemas? Bueno, la primera respuesta es que sí lo tenemos, aunque esté muy lejos del ideal: nunca ha habido tanta gente viviendo en mejores condiciones materiales. Hasta hace 200 años, había quizás 800 millones de pobres; hoy, el doble o algo más... Pero en esa época era el 80 % de la población; hoy, alrededor del 20 o 30 %. Hoy la mayoría tiene acceso a cosas antes inimaginables, como transporte motorizado, agua corriente, evacuación de desechos, vacunas o celular (que abre una infinidad de posibilidades y comunicaciones). Claro, hay un problema por la misma naturaleza humana: olvidamos el pasado, nos comparamos con los demás, nos frustramos y la tecnología profundiza ese proceso.Por eso, el primer tema de la migración es el atractivo de los países ricos para los más pobres, ya sea por absoluta necesidad o por la esperanza (¿futura?, ¿lejana?) de mejorar. Y estos flujos son útiles también para los receptores, en el pasado porque eran países por construir, ahora porque tienen una grave crisis demográfica y necesitan gente. Pero la gran dificultad es establecer políticas que permitan compaginar entradas y necesidades. ¿Cuántos? ¿Quiénes? ¿De dónde? ¿Con qué tipo de calificaciones profesionales, edades y más? Así fue siempre, y las sociedades se las arreglaron para recibir migrantes, legales o ilegales, y muchas veces se lo permitió a estos últimos porque demostraban algo clave: gente dispuesta a tomar riesgos por una mejor vida, algo esencial en cualquier sociedad. Pero hoy sí hay algo diferente con las migraciones. Uno, antes llegaban a sociedades donde lo único que podían hacer era entregar su esfuerzo para avanzar. Hoy (sobre todo en Europa o Estados Unidos) llegan a sociedades más maduras donde vienen a exigir una serie de derechos incluso antes de aportar nada, y ahí surgen comprensibles rechazos. Dos, las migraciones en Occidente fueron en buena parte entre países con una base cristiana. Hoy es sobre todo desde países musulmanes con una visión y objetivos de vida muy diferentes, lo que aumenta los choques. Así, las migraciones adquieren un tinte político/ideológico. Hay grupos que las apoyan simplemente porque tienen ese derecho como seres humanos (visión ciertamente valiosa), pero detrás (como sucede en España con el Partido Socialista Obrero Español, PSOE) lo que quieren es realmente captar su adhesión y votos. Hay otros que se oponen porque (con razón) consideran que los derechos de los habitantes de los países receptores muchas veces se minimizan frente a los entrantes (ejemplo, en Inglaterra, la laxitud de la Policía frente los ataques religiosos o a mujeres para no aparecer como “racistas”). Y probablemente hay otras intenciones, como Marruecos, que quizás trata de presionar a España en el tema territorial. De hecho, entre los liberales hay dos visiones opuestas: una, que las fronteras son solo políticas y deben ser “derribadas” por la migración; dos, que la migración viola los derechos de propiedad de los locales y debe ser al menos limitada... ¡Tema complejo! (O)