Cuando los relieves egipcios dejaron de registrar sus ataques después del reinado de Ramsés III, los llamados Pueblos del Mar desaparecieron casi por completo de las fuentes antiguas. Aquella ausencia convirtió su identidad en uno de los grandes enigmas de la Edad del Bronce, porque antes habían irrumpido en Egipto, Anatolia y el Levante con una capacidad militar que alteró el equilibrio de varias potencias mediterráneas.
Los antiguos nombres alimentan el debate sobre su procedencia
La denominación Pueblos del Mar nació entre egiptólogos franceses del siglo XIX, aunque los documentos de los siglos XIII y XII a. C. ya recogían nombres como denyen, ekwesh, lukka, peleset, shekelesh, sherden, teresh y weshesh. Los textos los situaban desde el mar o procedentes de las islas, expresiones que no precisaban su origen y que han alimentado hipótesis relacionadas con Asia Menor occidental, el Egeo, las islas mediterráneas y el sur de Europa.
Las embarcaciones atribuidas a estos grupos transportaban mujeres, niños y enseres domésticos, un detalle que ha llevado a varios historiadores a ver en ellos comunidades migrantes capaces de combatir antes que ejércitos dedicados únicamente al saqueo. Algunas fuentes los presentaron como aliados o mercenarios, mientras otras los describieron como enemigos, una diversidad compatible con grupos distintos que pudieron desplazarse por sequías, crisis políticas y falta de recursos.








