8 de agosto, 2026 - 06h00La película La Odisea de Chistopher Nolan alude constantemente a la ley de Zeus, que obligaba moralmente a los antiguos griegos a dar cobijo a un extraño, por no saber si se trataba de un hombre de buena fe, un pirata o un dios disfrazado de humano. Platón decía que hay que tener por extremadamente sagradas las relaciones con extraños, quienes, carentes de amigos y parientes, inspiran una mayor compasión. Jacques Derrida decía: “La experiencia de pura solidaridad debe partir de nada, solo en esa medida el acontecimiento inventivo o poético de la hospitalidad tiene alguna posibilidad de producirse”. Unos 60.000 migrantes marroquíes, adolescentes y jóvenes, recientemente nadaron para llegar a Ceuta, ciudad española, con brazos fortalecidos por el sueño de una vida mejor. En su país, uno de cada cuatro chicos de entre 15 a 24 años de edad no cuenta con educación, empleo ni formación, según cifras oficiales. El desenlace fue el esperado. El más doloroso: el mar devoró a 88 de ellos, 88 esperanzas para sí mismos y sus familias. Dicen que les mintieron, lo cierto es que a su Estado no les importó su destino y permitió su salida, como ocurrió el 2021, cuando España admitió que se traslade a un hospital de su territorio al líder máximo del Frente Polisario, que reclama soberanía del Sahara Occidental. En represalia, el Gobierno de Marruecos dejó salir a unos 8.000 habitantes. La gran mayoría de los inmigrantes de ahora, que deben pedir permiso para salir de la miseria según la ley de los que tienen pan, techo y trabajo, fueron devueltos a su país de origen que no los quiere. Los menores que llegaron no acompañados por adultos, se quedaron en Ceuta para comer apenas unos días, dormir a la intemperie encima de basura y cartón, en el hedor, en medio de un lugar cubierto de agua y barro, envueltos en camisetas sucias. Es la España que bajo el disfraz del protectorado se adueñó por 44 años de Marruecos hasta 1956. Pero la reacción más triste vino de la población heredera de los delirios imperiales de España, que rechazó con insultos a los inmigrantes y de países europeos que pretenden la exclusión de ese país del espacio Schengen. Mas, como siempre existe la reserva de la humanidad, hubo redes solidarias con las víctimas, clandestinas por las tensiones políticas y temor a represalias.Hace más de 400 años en Londres se amotinó una multitud para repeler a extranjeros que habían pisado su suelo, cuya expulsión del país reclamaban, acusándolos de robarles sus empleos. Shakespeare, con otros autores, escribió un poema diciendo en labios de Tomás Moro: “Imaginad ahora que triunfáis y veis a los odiados extranjeros –con sus bebés colgando de la espada y el pobre equipaje que aún les queda– caminar con dolor hacia los puertos, ¿qué habéis conseguido? Habrías enseñado que la mano dura y la insolencia habrán de regir… por igual capricho otros rufianes con la misma rudeza y la razón que anheláis ahora os perseguirán y los hombres, voraces como peces, se devorarán unos a otros”.¿Podremos resucitar la ley de Zeus, la hospitalidad que parte de la nada y nos muestra humanos? (O)