El pasaje de Sant Benet de Barcelona es una estrecha travesía peatonal poco concurrida donde nunca toca el sol. Una calleja distraída, en forma de T, dentro del laberinto que forman el barrio de Sant Pere, Santa Caterina y la Ribera (el Born). Un pasaje bautizado con el nombre del monje cristiano de Nursia (Italia) que diseñó las reglas ora et labora que rigen en los monasterios. Aquí, casi no hay comercios. Los locales son —en su mayoría— oficinas, talleres de artistas, centros de pilates, almacenes… Los vecinos son una mezcla de migrantes, ancianos (de los de toda la vida), expats… las preocupaciones respecto al espacio público del pasaje se centran en que nadie afee el portal con un grafiti de dudoso gusto. Fue en esta callejuela inadvertida, a escasos metros de la galería de arte Fuga, donde el 8 de agosto de 2024 apareció -por primera vez en Cataluña desde 2017- el expresidente de la Generalitat y uno de los más buscados por la policía, Carles Puigdemont. Se asomó, arengó desde un escenario de Arc de Triomf e hizo un mago Pop volviendo de nuevo a Waterloo sin que ningún agente le diera el alto. Han pasado dos años. En agosto de 2024, el planeta —policías incluidos— conocía las intenciones de Puigdemont. Nadie sabía si mentía —o no— cuando dijo que se presentaría en la investidura de Salvador Illa. Fue una mentira cargada de mucha verdad. No llegó a entrar al Parlament, pero sí que cruzó la frontera, circuló por carreteras españolas y durmió a 160 kilómetros de Francia. Apareció acompañado de Jordi Turull (que no ha querido participar en este reportaje) y varios mossos fuera de servicio que hacían las funciones de protección (están encausados por ello) en el pasaje de Sant Benet, una callejuela que sigue pasando inadvertida. El primer vídeo de la aparición del político lo grabó un periodista que hacía solo unas semanas que se había quedado sin trabajo, el redactor barcelonés John McAulay, que entonces tenía 26 años. “Aquel día no tenía para quién trabajar. Junts había anunciado que Puigdemont reaparecería a las 8.00 y me interesó periodísticamente”, recuerda. McAulay se lo tomó con calma y salió de casa con el tiempo justo. Pedaleaba sobre su bicicleta por la calle Trafalgar cuando vio la multitud de personas esperando cerca de Arc del Triomf. “Era mejor encadenar la bicicleta y llegar a pie. Giré por la calle Lluís el Piadós. De golpe veo a Puigdemont. Lo reconocí al momento. Iba acompañado de Turull y dos tipos con pinganillo”, recuerda, dos años después, el periodista. “La escena me cogió desprevenido. Saqué el móvil y empecé a grabar mientras le seguía y llevaba la bicicleta en la otra mano haciendo verdaderos equilibrios”. El periodista hace autocrítica: “Ni siquiera pensé en el formato de la televisión y lo grabé en vertical”. Tanto Puigdemont como el resto de sus acompañantes, le dejaron hacer. El periodista intentaba enfocar al expresident mientras arrastraba su bicicleta. Consiguió grabarlo hasta que Puigdemont se mezcló con la multitud que le esperaba en la calle Trafalgar. Fruto de aquel encuentro improvisado nacieron 47 segundos de vídeo que se hicieron virales. Puigdemont se cruzó con el artista Fernando Adam, que estaba en el exterior de su taller lijando unas maderas y que no se dio ni cuenta de quien pasaba por su lado. Después, el político se cruzó con una mujer llamada Andrea. La joven se disponía a abrir su negocio Frames & Co dedicado a enmarcar cuadros. Llamó a su socio Jordi. “Yo estaba en la playa y va y me llama Andrea diciendo que se acaba de cruzar con Puigdemont delante del negocio. Al principio pensaba que me tomaba el pelo”, recuerda Jordi dos años después.what are the odds de trobar-me casualment puigdemont desfilant pel passatge de sant benet amb turull i seguretat abans d'arribar al bany de masses d'arc de triomf?? pic.twitter.com/qmTdSWvrpa— john mcaulay ☭ (@lylehausman) August 8, 2024
El escenario donde apareció Puigdemont: “Lo grabé para que me creyeran mi novia y mi madre”
Dos años después de aquel episodio nada ha cambiado en el pasaje Sant Benet de Barcelona








