Colombia no puede seguir discutiendo su sistema de salud como si el tiempo de los pacientes fuera infinito. Cuando se interrumpe un tratamiento, falta un medicamento o una cita llega tarde, la crisis se convierte en sufrimiento humano. Por eso, el nuevo Gobierno partirá de una decisión: poner al paciente primero.Nuestra hoja de ruta no propone desmantelar lo construido ni administrar la crisis con soluciones temporales. Propone una secuencia responsable: estabilizar la atención, sanear las finanzas con condiciones, corregir los incentivos que producen ineficiencia y desigualdad, y consolidar un sistema sostenible y orientado a resultados.En los primeros días instalaremos una Misión Nacional de Estabilización, liderada por el Ministerio de Salud y la Superintendencia Nacional de Salud, que, articulada con los prestadores y proveedores y las EPS en cada territorio, tendrá como prioridad llegar a los pacientes desatendidos. El crecimiento abrumador de quejas y reclamos y el aumento de tutelas nos hablan de una represa en la entrega de medicamentos, citas y procedimientos. Necesitamos de forma progresiva llegar con atención a todos esos usuarios y pacientes. Al mismo tiempo, ordenaremos el problema financiero. Colombia necesita una línea de base fiscal única que separe la insuficiencia corriente de la deuda histórica acumulada. Definiremos una senda pública para ajustar la UPC que incorpore la carga de enfermedad, dispersión territorial, envejecimiento y nuevas tecnologías. La Corte Constitucional ordenó en diciembre de 2024 una revisión estructural del financiamiento del sector y no se ha hecho. En los primeros meses debemos llevar a cabo este ejercicio de manera técnica y reproducible. Por supuesto, cada peso estará condicionado a planes de mejora, continuidad de servicios, depuración contable, calidad y rendición de cuentas. No habrá cheques en blanco.La situación de las EPS intervenidas se decidirá con criterios técnicos. Debemos analizar caso a caso y evaluar su solvencia, capacidad institucional, calidad, resultados y cobertura territorial. Las entidades viables deberán mejorar; las recuperables tendrán una reestructuración condicionada; las no viables serán liquidadas de forma ordenada, protegiendo a sus afiliados y las redes. El Estado debe regular con firmeza, supervisar de manera preventiva y actuar a tiempo.Necesitamos llegar a los territorios para reducir progresivamente las asimetrías. Lo haremos de la mano del sector privado y, desde luego, fortaleciendo las capacidades públicas para que sean sostenibles y competitivas. Fomentaremos la telemedicina y la teleconsulta.Necesitamos formar, atraer y remunerar a nuestro talento humano en salud. Hay un problema de distribución, precarización y falta de planeación de la oferta laboral. Adicionalmente, el envejecimiento poblacional cambiará completamente la demanda de profesionales y no nos estamos preparando para ello. Por otro lado, necesitamos fortalecer el Invima, hacerlo competitivo, así como la agencia de evaluación de tecnologías Iets, para que el país adopte una verdadera política de ingreso de las tecnologías. La innovación es bienvenida cuando produzca salud y sea financieramente responsable.Necesitamos que todas nuestras entidades e institutos recuperen su capacidad técnica con sistemas de información que, más que repositorios de datos, sean verdaderas unidades analíticas integradas para la toma de decisiones. El sistema necesita visión de largo plazo, alistarse y prepararse para la transición demográfica que ocurre a pasos gigantes, para la mayor carga de enfermedad y para las nuevas tecnologías. La sostenibilidad exige más recursos y mejor gasto. Financiar la salud supone cubrir la urgencia, corregir el déficit recurrente y diversificar fuentes permanentes. La eficiencia no será un eufemismo para recortar derechos: será obtener más salud por cada peso invertido.El sistema necesita recursos suficientes y reglas claras que garanticen que cada peso se traduzca en acceso, calidad, equidad y confianza. El sistema de salud volverá a medirse por lo esencial: si protege la vida, si acompaña a las personas y si llega a tiempo.Todo esto es posible en una conversación permanente con todos los actores, un Ministerio de puertas abiertas, riguroso y dialogante. El sistema se recupera entre todos y pensando en los pacientes.