“Amaneció ayer con cielo despejado, que regocijó a cuantos en el día anterior temieron que el mal tiempo impidiera contemplar el eclipse. Desde por la mañana numeroso público se trasladó a las montañas vecinas, especialmente al Tibidabo, siendo no pocos los que llevaban consigo vituallas para comer al aire libre. En las calles y paseos más concurridos se situaron vendedores de cristales y lentes ahumados para presenciar el fenómeno celeste”.Así empezaba la crónica de La Vanguardia que daba cuenta del acontecimiento que supuso el eclipse de sol que pudo contemplarse en Barcelona el 30 de agosto de 1905. Como más de un siglo después, los barceloneses no pudieron observar cómo la luna ocultaba totalmente el disco solar, pero casi: la cobertura fue de un 97,7%, lo que hizo del eclipse un gran fenómeno social en el que no faltaron todo tipo de anécdotas, desde los falsos científicos y brujos que aprovecharon la ocasión para conseguir su momento de gloria a los incautos que acabaron deslumbrados y con severos daños visuales.Lee tambiénLa franja de totalidad cruzó desde el centro al norte de la Península, desde el sur de Tarragona Castellón y Valencia hasta desaparecer por Galicia, además de observase también en las Baleares. La duración máxima fue de 3 minutos y 48 segundos. Aunque el anterior se había podido observar sólo cinco años antes, la expectación social y científica fue enorme, y a las excursiones populares a zonas despejadas se les sumaron diversas expediciones científicas.Hay constancia de que astrónomos de Francia, el Reino Unido, Italia, Suiza, Portugal, los Países Bajos, Rusia, Hungría, México y Estados Unidos se desplazaron a la Península y documentaron sus observaciones sobre la actividad de la corona solar y la búsqueda de planetas del sistema solar desconocidos. Los principales puntos de observación se situaron en Burgos, Guadalajara, La Rioja, Soria, Castellón y Mallorca.Una expedición científica se prepara para la observación en EivissaEl Gobierno facilitó su labor ordenando el cese de cualquier actividad que provocase humo y polvo que dificultase la observación y disponiendo salvas para despejar la aparición de nubes. Incluso desplegó a militares con conocimiento de lenguas extranjeras para acompañar a las expediciones científicas foráneas.Entre las españolas, destacó la que lideró Josep Comas Solà, primer director del Observatorio Fabra de Barcelona, inaugurado apenas un año antes, a quien se le encargó dirigir la expedición de la Reial Acadèmia de Ciències i Arts de Barcelona. El equipo se desplazó a Vinaròs con dos telescopios refractores equipados para fotografía y espectroscopia y una cámara prismática de cine. La innovadora grabación, sin embargo, no acabó de ser exitosa, ya que la película se agotó antes de que el eclipse alcanzase su plenitud.La observación que Josep Comas Solà realizó en Vinaròs constituye una de las principales fuentes científicas del fenómenoNo obstante, su trabajo constituye una de las principales fuentes científicas del fenómeno, recogido tanto en las Memorias de la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona de 1906 como en las Observations de M. José Comas Solà, directeur de l’Observatoire Fabra et Salvador Raurich, a Vinaroz (Espagne), publicadas en el Bulletin de la Société Astronomique de France.Antes de elaborar sus informes científicos, Comas Solà publicó en La Vanguardia el 5 de septiembre sus impresiones del eclipse, con algunos detalles de sus descubrimientos y la crónica de los preparativos de la expedición bajo el título Primeras impresiones del eclipse. Es el texto que ofrecemos íntegro.‘Primeras impresiones del eclipse’“Pasó el eclipse. Pasaron aquellos días en que todos los periódicos no se ocupaban de otra cosa que del gran fenómeno astronómico que iba a producirse; se acabó el hablar de celostatos, de cámaras fotográficas de tantos metros de longitud, de sabios ilustres, de trascendentales problemas que iban a resolverse; se acabaron los elogios que se prodigaron a granel de conformidad con las tendencias de cada periódico; se acabaron, en fin, las atrocidades científicas que con este motivo se dispersaron por todos los papeles de España.”Pasó el eclipse, y como ocurre con frecuencia es muy posible que el público no se enterase o que se enterase muy tarde de los resultados obtenidos. A la gran palabrería suele seguir un mutismo casi absoluto; y lo peor es que este mutismo no es sólo para el público, sino también para el mundo astronómico. Apena en verdad que dentro de la ciencia existan también los ‘poseurs’, cosa que se compagina muy poco con la seriedad científica que caracteriza al astrónomo de veras.”Atendidas todas estas circunstancias y considerando haber contraído el deber de dar a conocer al público a la mayor brevedad los resultados obtenidos en la observación del último eclipse, describiré brevemente las primeras consecuencias que he sacado del mismo, esperando hacerlo más tarde in extenso en la memoria que publicaré dentro de breve plazo, que promete ser sumamente ampliada, dado el gran número de datos que voy recibiendo cada día de personas amantes de la ciencia.”Comisionado por la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona y como director del Observatorio Fabra, me trasladé a Vinaròs para observar el eclipse total de sol. No llevaba tubos de 15 metros de longitud, ni los espectroscopios a docenas. Mi bagaje se reducía a un ecuatorial con movimiento de relojería que sostenía una cámara fotográfica cuyo objetivo mide 16 centímetros de diámetro, y otra cámara espectroscopia de un metro y 60 centímetros de distancia focal con prisma objetivo. Además, un espectroscopio cinematográfico ideado por mí y cedido galantemente por la casa Gaumont, de París, aparte de termómetros, barómetros, cronómetro, metrónomo, gemelos espectroscópicos, gemelos ordinarios, lápiz, papel, etc.”El personal se reducía a mi esposa y a algunos pocos amigos míos cuyo amor a la ciencia no es superado con toda seguridad por ningún profesional.”Aun cuando una nubecilla ocultó la totalidad durante un minuto de tiempo (la duración de la totalidad en Vinaròs fue de 3 minutos y 36 segundos) y nos quedaron dos minutos y medio de imagen clarísima para efectuar todas nuestras observaciones perfectamente organizadas y que fueron ensayadas los días anteriores en varios simulacros de eclipse.”No me detendré a explicar la magnificencia del fenómeno. No podría hacerlo; además existen hermosas relaciones de tan grandioso fenómeno que no pretendo imitar. Bastará decir que constituye un espectáculo inolvidable, aun cuando nuestra vida fuera infinita.”A simple vista, la corona, que aparecía como una gasa plateada que rodeara la luna, fue muy distinta de la de 1900, según era de prever y conforme anticipé oportunamente. Al principiar la totalidad, viéronse varias enormes protuberancias, de color rosado intensísimo en el borde nordeste del sol. A simple vista, parecía una sola protuberancia; con los gemelos, distinguíanse tres; con un pequeño anteojo, cinco; en la fotografía espectroscópica que saqué de ellas aparecen por lo menos nueve. Su intensidad actínica era enorme, no sólo hacia los rayos violados y ultraviolados del calcio y del hidrógeno, sino también hacia la región verde del espectro. En fin, en mis fotografías espectroscópicas dan estas protuberancias, además de las rayas típicas, espectro continuo, hecho notabilísimo y que es la primera vez, que yo sepa, que se haya observado, lo cual nos demuestra que en la masa de las protuberancias, por lo menos en las metálicas eruptivas, existen corpúsculos sólidos incandescentes. Al final de la totalidad, aparecieron otras protuberancias hidrogenadas sin dar espectro continuo; en cambio, lo daban algunas regiones de la cromosfera débilmente intensas.”Fue señalado el primer contacto interno por dos procedimientos completamente distintos: la visión directa y la visión del flash, sirviéndonos de los gemelos espectroscópicos. El flash (rayo de inversión espectroscópica) fue visto medio segundo antes que la desaparición del último rayo de luz fotosférica, hecho que se explica perfectamente en atención a la intensa luminosidad de los gases incandescentes que constituyen las capas bajas de la cromosfera.”El espectro de la cromosfera ha sido, no obstante, debilísimo, mucho más débil que en el eclipse de 1900, lo cual sugiere ideas nuevas sobre las relaciones que existen entre la variación undecenal de la actividad solar, las protuberancias y la cromosfera. Resultaría que la cromosfera sería meaos intensa en los máximos de actividad solar, e inversamente, fenómeno que no sería difícil explicar, y que nos llevaría a suponer que las variaciones de la actividad solar obedecerían a un proceso periódico de carácter quizás químico. Los ulteriores estudios que llevaré á cabo sobre dicha cuestión difícil podrán afianzar más o menos nuestro criterio.”La corona era, a simple vista, muy extensa y, como siempre, de color blanco de plata y con una zona brillantísima en su parte inferior. Mi muy querido amigo don Salvador Raurich sacó un magnífico dibujo de esta soberbia visión, observándola directamente. Aparecían filetes o aigrettes rectilíneas hasta distancias enormes del sol (hasta el ¡triple! de su diámetro, según mis fotografías, o sea, de más ¡de cuatro millones de kilómetros de longitud!); como anticipé también, estas aigrettes eran menos ordenadas en su situación sobre el limbo solar que en el eclipse de 1900. Mi esposa, que goza de excelente vista, pudo observar con dificultad algún filete curvo, que la fotografía ha confirmado. En conjunto, la corona, sobre todo en sus partes bajas, era brillantísima, mucho más que en 1900. Así se explica perfectamente la poca obscuridad del cielo en los momentos de la totalidad; la luz coronal fue suficiente para apagar muchas estrellas de primera magnitud, exceptuando Venus, Régulo y Arturo. Se distinguió perfectamente, en los momentos de la totalidad, la sombra proyectada por las nubes gracias a la luz de la corona.”El aspecto de ésta cambia completamente con la fotografía. Tres imágenes fotográficas de la corona pude obtener con la cámara de dos metros, montada sobre el pie ecuatorial. En una de ellas aparecen con toda su extensión los filamentos coronales, que a simple vista se creían radiales, mientras que fotográficamente aparecen algunos de ellos secantes respecto al disco del sol. Sobre las protuberancias indicadas se advierte un aumento de intensidad luminosa de la corona, hecho sumamente importante que indica una estrecha relación entre la corona y las protuberancias. Dos días después del eclipse, pudo observar el señor Raurich que en dicha región protuberancial existían extensas ramificaciones faculares.”Una de las tres fotografías obtenidas por mí, que lo fue a través de la nubecilla indicada más arriba, es sumamente importante, por mostrar los detalles de las partes bajas de la corona. Con verdadera sorpresa vi en este clisé un plumero de filamentos en el polo norte del sol, constituido por filetes curvos y divergentes, cuyo eje de simetría está precisamente en el eje solar, es decir, ofreciendo el mismo aspecto, aunque con menor intensidad, que cuando el eclipse de 1900, que correspondió a una época de mínima actividad solar, como era sabido. Resulta, pues, de mis fotografías, que contra lo que ahora se había supuesto, los haces de filetes curvos y divergentes de los polos solares son permanentes, lo cual es también lógico, por cuanto los polos son las regiones del sol menos influidas por las protuberancias y, por consiguiente, las formas coronales deben ser en ellos más estables.”De todo lo dicho, y de conformidad con mis observaciones, se deduce que los filetes coronales son proyecciones o efectos repulsivos de la energía solar sobre corpúsculos sumamente tenues. Cuando la actividad del sol está en el máximo, como ha sucedido en este eclipse, la fuerza repulsiva, quizás como en los rayos catódicos de origen eléctrico, proyecta los crepúsculos con velocidades mucho mayores que en las épocas de mínima. De ahí las trayectorias más extensas y más rectilíneas en este eclipse, y de ahí también que los filetes polares, hasta en las épocas de máxima actividad, sean cortos y encorvados, pues los polos solares son siempre regiones de calma. Todo son enseñanzas sumamente notables que se desprenden de mis fotografías y espectografías.”Hicimos además observaciones sobre las variaciones termométricas, barométricas, del viento, de las nubes, de los matices atmosféricos, de las sombras ondulantes, observaciones importantes, pero de interés secundario. Se dispararon varios cohetes granífugos con la santa intención de disipar las nubes que se formaban en el cielo, a consecuencia del enfriamiento producido por el eclipse y que amenazaban ocultar el fenómeno en el momento culminante. Pero su acción fue absolutamente nula. Afortunadamente las nubes tuvieron la amabilidad de apartarse.”Éstos son, descritos a grandes rasgos, los primeros resultados interesantes obtenidos por nuestro grupo de amantes de la ciencia que se instaló en Vinaròs.”No debo terminar estas cuatro líneas sin hacer público mi agradecimiento a todas las autoridades de Vinaròs por habernos prestado las mayores facilidades y seguridades durante nuestra estancia en dicha población; al distinguido abogado señor San Juan, que dejó a nuestra disposición su extenso jardín para instalar los aparatos, y que conservará el pilar del ecuatorial con lápida conmemorativa para perpetuar el recuerdo del eclipse de 1905; al electricista don Antonio Garda, que nos prestó eficacísimo auxilio en la observación espectroscopia de los contactos y en las observaciones meteorológicas; al operario don Sebastián Bové, que con actividad e inteligencia suma, contribuyó al montaje de loa aparatos. En fin, entre nuestros paisanos, permíteseme agradecer una vez más sus inolvidables servicios a don Salvador Raurich, entusiasta aficionado a la ciencia de los astros, y a don Lauro Clariana y Ricart, el distinguido matemático, que arrostró un largo viaje para coadyuvar a los trabajos que íbamos a efectuar en Vinaròs.”Y por el momento doy por terminada la descripción sucinta de los primeros resultados obtenidos en nuestra instalación de Vinaròs.”Últimas entregasEsta pieza forma parte de una serie de contenidos que recupera discursos, manifiestos y otras documentos clave de diferentes épocas para contextualizarlos desde una perspectiva histórica y con ánimo divulgativo.Redactor de la sección de Continuidad y colaborador del canal Historia y Vida. Ha trabajado en La Revista del Sábado, Deportes, Magazine y Última Hora y ha coordinado el suplemento económico Dinero. Autor de varias obras divulgativas