0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialDesde que se convirtió en sujeto de denuncia periodística, el ático comprado por el gobierno de la Comunidad de Madrid ha ido subiendo de precio. El primer día se hablaba de 4,9 millones de euros y ayer de 6,3 millones. Es como si este protagonismo sobrevenido le hubiera insuflado un superpoder especulativo. No hay que confundir este ático del barrio de Chamberí con el ático, también de Chamberí, en el que vive la presidenta Isabel Díaz Ayuso (le paga un alquiler de 5.000 euros a una empresa participada por su novio, Alberto González Amador). LVLa estridencia mediática ha subrayado la categoría de ático con un furor que, en el lenguaje de los sobrentendidos, parece insinuar que se trata de un privilegio de millonarios y que, por lo tanto, es susceptible de ser ocupado o expropiado. El escándalo de los pisos comprados por el gobierno de Madrid se ha intentado maquillar con una venta rápida (20 millones, que incluyen el ático), que ayudará a financiar la reforestación y la atención a las víctimas de los incendios. El ático de la presidenta, en cambio, alimenta recelos políticos no demasiado sofisticados que digamos.El ático de Ayuso alimenta recelos políticos no demasiado sofisticadosDuda: ¿dirían lo mismo los detractores de Ayuso si, en vez de un ático, fuera un tercero? Da la impresión de que, aparte de la legítima controversia sobre la honestidad de la compra (y de la venta), la palabra ático active mecanismos ancestrales de nuestra psicología. El ático pertenece a la categoría del lujo elitista. Ático, dúplex, sobreático , son conceptos que apelan a un territorio inaccesible.Cuando llegué a Barcelona, yo venía de un barrio popular de la periferia de París. Habíamos vivido en un bloque de pisos de protección oficial en el que la numeración de las plantas era siempre racional (sin entresuelos, principales, áticos, sobreáticos ni ninguna de esas categorías que –lo supe más tarde– obedecían a una singular picaresca urbanística). Me fascinó tanto la palabra ático que busqué su etimología (no existía internet y lo consulté en la enciclopedia de un vecino). Me enteré del origen griego de la palabra y, aplicado a la arquitectura clásica, la coronación de una fachada o, también, un apartamento de lujo con terraza. Una evidencia objetiva y sin intención política: desde entonces, el precio de los áticos –de Chamberí en particular y de todas partes en general– no ha dejado de subir.