En las sociedades antiguas, los esclavistas pagaban los costos de alimentación, vivienda y salud de sus esclavos, lo que incluía la crianza de sus hijos, ya que estos también eran considerados bienes de su propiedad. Nunca un esclavo fue víctima de un usurero, ya que jurídicamente era considerado propiedad de su amo. En todo caso el dueño era quien debía hacerse cargo del asunto. Ante el endeudamiento generalizado que hoy angustia a las familias de nuestro país con bancos, tarjetas de crédito, proveedores, propietarios y plataformas digitales, el presidente Javier Milei sostuvo que al Estado Nacional no le corresponde salir a apoyar a unos u otros, ya que se trata de un “acuerdo entre privados”. Y dijo: “A nadie se le puso una pistola en la cabeza para endeudarse”. Sobre el mismo tema, el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, recordó: “Yo le dije a los bancos: si estás prestando plata al 10 % mensual y los sueldos crecen al 2 %, lo más probable es que esta gente no te pague”. El ministro —proveniente de las mesas de dinero— naturalmente piensa en el problema de la rentabilidad del banco, no en el de “esta gente”. Pero bien sabemos que el negocio de la usura no es la cobranza, sino la perpetuación y el aumento de la deuda.
Los nuevos endeudados son menos libres que los siervos
“La jornada laboral de 12 horas elimina incluso las obligaciones materiales que tenía el amo, en la antigüedad”, argumenta el autor. Y agrega que el actual endeudamiento de jóvenes y familias es como el que padecían los mensús, retratados en la película de Hugo del Carril.








