Ochenta y un años después del bombardeo atómico, Hiroshima ha vuelto a convertirse en un símbolo de memoria y paz. Miles de personas han rendido homenaje a las víctimas con ceremonias, ofrendas florales y el tradicional lanzamiento de farolillos de papel sobre el río Motoyasu, un gesto que mantiene vivo el recuerdo de quienes perdieron la vida el 6 de agosto de 1945. Más de ocho décadas después, la ciudad sigue reivindicando la importancia de preservar la memoria histórica y de insistir en el desarme nuclear como única garantía para evitar que una tragedia semejante vuelva a repetirse.

Las imágenes de hoy también miran hacia Ceuta, donde cientos de migrantes continúan viviendo en condiciones muy precarias tras las recientes llegadas desde Marruecos. Organizaciones como Luna Blanca preparan entre 4.500 y 5.000 comidas diarias para atender una emergencia humanitaria que sigue creciendo mientras muchas personas esperan una solución a su situación. Al mismo tiempo, los incendios forestales continúan castigando distintos puntos de Europa. Los equipos de extinción siguen trabajando en Huelva, mientras nuevos focos mantienen en alerta al sur de Francia y Serbia, favorecidos por las altas temperaturas, la sequía y el viento.