El deterioro de las relaciones diplomáticas entre Brasil y Argentina, decidido por Itamaraty el martes (4) en respuesta a los ataques del presidente Javier Milei contra Luiz Inácio Lula da Silva, constituye la crisis más grave entre ambos países en cuatro décadas de estrechos vínculos.
La tensión comenzó el 25 de julio, cuando Milei llamó a Lula ladrón y presidiario durante el lanzamiento de la campaña de Flávio Bolsonaro en São Paulo. La convocatoria de los embajadores al día siguiente no fue suficiente, ya que el ultraliberal reafirmó sus ataques en una entrevista con una emisora argentina el pasado domingo (2). Según miembros del Gobierno de Lula, las relaciones se mantendrán únicamente con los encargados de negocios de ambos países mientras persistan los ataques.
"Esto no tiene precedentes, al menos desde el siglo XIX", afirma Miriam Saraiva, profesora de relaciones internacionales de la Uerj (Universidad del Estado de Río de Janeiro). "Cuando un país se queda sin embajador, tiene que negociar con el segundo escalón. La relación queda más limitada al mantenimiento de lo que ya está en funcionamiento y las nuevas iniciativas no pueden avanzar".
La relación entre los países estuvo históricamente marcada por rivalidades hasta comienzos de los años 1980, cuando cambió con la Declaración de Iguazú, firmada en 1985 por José Sarney y Raúl Alfonsín, germen del Mercosur. Desde 2019, cuando Alberto Fernández asumió el poder en Argentina durante el Gobierno de Bolsonaro en Brasil, la relación entró en una nueva fase de deterioro. "Lo que hemos visto en los últimos ocho años no tiene precedentes en estas cuatro décadas. Son presidentes que no tienen el menor deseo de trabajar juntos", afirma Paulo Velasco, profesor de la Uerj.














