Un vaticinio que circuló durante décadas dentro y fuera de la academia anunciaba que el avance de la modernización acarrearía el retroceso de la influencia religiosa en la vida social. La innegable disminución de la asistencia a los templos, el crecimiento de quienes se declaran sin filiación religiosa y la diversificación de las creencias parecían confirmar esa predicción. Sin embargo, los nuevos datos del Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina, elaborado por el Observatorio de las Creencias -OCREAR-CBC/UBA- (Segundo y Tercer Informe) invitan a complejizar el análisis: las iglesias ya no organizan la vida espiritual de la mayoría como hace décadas, pero siguen siendo actores centrales en la producción de redes de apoyo, especialmente entre los sectores más vulnerables. En este sentido, uno de los principales hallazgos de la investigación muestra que más de un tercio de la población (35,5%) acudió durante el último año a un templo o a una iglesia para pedir algún tipo de ayuda, ya sea de índole espiritual (21,7%), por asistencia frente a problemas de salud (10,5%), o por necesidades económicas o alimentarias (8,9%).

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