06/08/2026 00:30 Actualizado 07/08/2026 00:30 Síguenos en Google0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialHabíamos pasado un par de días muy agradables en Bolonia, pero yo estaba cansado de compañía. Los amigos que viajaban conmigo eran inteligentes y divertidos, pero necesitaba estar solo: los viajes en grupo no permiten ni un instante de soledad. Los dejé tomando negronis en el american bar, barroquísimo, de Le Stanze, y pasé unas horas calladamente en la librería Nanni, bajo el inquietante arco del Portico della Morte.Ferrara Lucagavagna / Getty ImagesCompré la novela Dietro la porta de Giorgio Bassani. Narra las vivencias de un adolescente judío de familia burguesa que, en los primeros tiempos de las leyes raciales de Mussolini, es arrinconado por sus compañeros y se hace amigo de conveniencia de un chico recién llegado a Ferrara, excluido también, pero por razones sociales. Este chico se aprovecha de la amistad del judío rico y marginado. Pero para ganarse la simpatía de los demás, se burla de él a sus espaldas. El adolescente judío descubre la burla escuchando detrás de la puerta (de ahí el título) pero es incapaz de responder con un gesto valiente. Esta incapacidad pesa sobre su conciencia. ¡Con qué delicadeza explica Bassani la fragilidad de los judíos en aquellos años terribles!Hay dolores sin cura, que reposan dentro de uno “como una herida secreta”Deseaba tanto respirar el mismo aire que había respirado Bassani, que propuse a mis amigos visitar Ferrara, que está a menos de 50 km de Bolonia. Anochecía cuando llegamos. Después de dar un pequeño paseo alrededor del Castello Estense, mis amigos ya tenían hambre. Los dejé en un bar, bebiendo birras y comiendo piadine, un tipo de sándwich con un pan muy fino, típico de Emilia-Romaña, relleno de mortadela y queso fresco.Buscando el rastro del autor, fallecido hacía años, desemboqué en una calle de casitas bajas, bien alineadas, con la fachada limpia, las puertas pintadas de verde y el pomo dorado. En la penumbra, se abrió una puerta y un anciano atildado hizo ademán de saludarme. Volvía a estar solo y eso me gustaba, pero tenía que volver deprisa al bar a recoger a mis amigos. Sólo he conocido Ferrara de noche, pero la recuerdo intensamente. Por supuesto: dudo si el recuerdo es real o fue conformándose mientras leía los libros de Bassani, que hablan de dolores sin cura. Reposan dentro de uno, intactos “como una herida secreta”.
Una tarde en Ferrara, por Antoni Puigverd
Habíamos pasado un par de días muy agradables en Bolonia, pero yo estaba cansado de compañía. Los amigos que viajaban conmigo eran inteligentes y divertidos, pero necesitaba estar solo: los viajes en grupo no permiten ni un instante de soledad. Los dejé tomando negronis en el...









