NoticiaEspecialistas en epidemiología y enfermedades infecciosas cuestionan las conclusiones de un documento viral que nunca fue revisado por pares.Los autores de un nuevo análisis explican por qué el documento, utilizado por el movimiento antivacunas, presenta sesgos metodológicos. Foto: Secretaría de SaludPERIODISTA DE MEDIOAMBIENTE Y SALUD06.08.2026 16:26 Actualizado: 06.08.2026 16:26
Investigadores internacionales publicaron un análisis en el que cuestionan la validez científica de un estudio ampliamente difundido por sectores antivacunas y advierten sobre los riesgos que supone la circulación de investigaciones preliminares sin revisión por pares cuando son presentadas como evidencia definitiva. El documento también propone una serie de recomendaciones para frenar la desinformación y fortalecer la confianza en la vacunación, en un contexto en el que consideran que los movimientos antivacunas representan un problema de salud pública. LEA TAMBIÉN El trabajo, titulado Vaccines, Bias, and the Perils of Non-peer-reviewed Studies: Fueling Misinformation and Vaccine Hesitancy (Vacunas, sesgos y los peligros de los estudios no revisados por pares: alimentando la desinformación y la reticencia a la vacunación), fue elaborado por un equipo internacional de expertos en vacunología, pediatría, enfermedades infecciosas, epidemiología y bioestadística, liderado por investigadores del King's College London y la Universidad de La Sabana.Investigadores piden frenar la desinformación que alimenta los movimientos antivacunas. Foto:BogotáBio-SinovacSegún explican los autores, el análisis surgió como respuesta a la amplia difusión que alcanzó un borrador elaborado alrededor de 2020 por el Dr. Marcus Zervos, el cual nunca fue sometido a revisión por pares ni publicado en una revista científica, pero terminó convirtiéndose en una de las piezas utilizadas por el movimiento antivacunas para cuestionar la seguridad de la inmunización.El documento original intentaba comparar la incidencia de enfermedades crónicas entre niños vacunados y no vacunados utilizando datos históricos de 18.468 menores nacidos entre 2000 y 2016 dentro de un único sistema sanitario de Estados Unidos. Pese a no haber superado los procesos habituales de validación científica, fue presentado como documento de apoyo ante el Comité de Seguridad Nacional y Asuntos Gubernamentales del Senado de Estados Unidos y posteriormente fue utilizado en el documental An Inconvenient Study, lo que impulsó su viralización en redes sociales y su reproducción por creadores de contenido e influenciadores vinculados al movimiento antivacunas.Frente a ese escenario, los investigadores sostienen que el borrador presenta importantes limitaciones metodológicas y sesgos que impiden concluir que exista una relación causal entre la vacunación y la aparición de enfermedades crónicas.El nuevo análisis, liderado por el Dr. Daniel Munblit y el Dr. Luis Felipe Reyes, autor ‘senior’ y corresponsal del grupo, detalla varios aspectos que, según los investigadores, restan credibilidad a las conclusiones del documento difundido. LEA TAMBIÉN Entre ellos figura el denominado sesgo de detección. De acuerdo con el análisis, los niños vacunados acudían en promedio siete veces al año a consultas médicas, mientras que los no vacunados asistían aproximadamente dos veces. Esa diferencia incrementaba la probabilidad de diagnosticar y registrar enfermedades en el primer grupo, independientemente de que existiera una mayor incidencia real de esas patologías.Desinformación sobre vacunas pone en riesgo la salud pública, advierten expertos. Foto:iStockLos autores también identifican una clasificación temporal incorrecta del estado de vacunación. Explican que el estudio trató la condición de vacunado como si fuera fija desde el inicio del seguimiento, pese a que los niños pasan gradualmente de no vacunados a parcialmente vacunados y posteriormente a completamente vacunados. Como consecuencia, algunas enfermedades ocurridas antes de recibir cualquier vacuna terminaron siendo atribuidas al grupo vacunado.Otra de las limitaciones señaladas corresponde al seguimiento desigual entre ambos grupos. Mientras los niños vacunados fueron observados durante una mediana de 970 días, los no vacunados tuvieron un seguimiento de 461 días. Esa diferencia, según el documento, aumentó las probabilidades de detectar entre los vacunados enfermedades que suelen aparecer más adelante durante la infancia, como el asma, algunos trastornos del neurodesarrollo o enfermedades autoinmunes.El análisis también cuestiona la ausencia de correcciones estadísticas. Los investigadores explican que, al evaluar múltiples resultados y subgrupos sin ajustar el número de comparaciones realizadas, algunos hallazgos pudieron aparecer como estadísticamente significativos únicamente por efecto del azar. LEA TAMBIÉN Para los autores, estos problemas metodológicos muestran que las asociaciones identificadas por el borrador no deben interpretarse como evidencia de que las vacunas causen enfermedades, sino como un ejemplo de cómo un estudio preliminar, sin evaluación independiente y amplificado por las redes sociales, puede generar conclusiones aparentemente convincentes, pero carentes de respaldo científico.El análisis identifica fallas metodológicas en un texto difundido por el movimiento antivacunas. Foto:Jaiver Nieto"Preguntarse si las vacunas son seguras es una pregunta legítima y merece una respuesta seria", afirmó el Dr. Luis Felipe Reyes, profesor de enfermedades infecciosas de la Facultad de Medicina y director del Unisabana Center for Translational Science de la Universidad de La Sabana.El investigador explicó que la existencia de estudios preliminares no constituye un problema en sí misma, pues los preprints forman parte del proceso científico. Sin embargo, advirtió que en este caso el análisis fue presentado tanto en escenarios políticos como en internet como si se tratara de evidencia definitiva, pese a no haber sido sometido a ninguna revisión independiente.El documento recuerda que las vacunas constituyen uno de los principales logros de la salud pública y que su funcionamiento consiste en introducir una versión segura del agente causante de una enfermedad para estimular el sistema inmunológico sin provocar la enfermedad. Ese proceso permite la producción de anticuerpos y el desarrollo de memoria inmunológica, lo que protege tanto a la persona vacunada como, mediante el denominado efecto rebaño, a quienes la rodean.En ese contexto, el Dr. Reyes sostuvo que la desinformación y los movimientos antivacunas representan actualmente un problema de salud pública.Según indicó, las vacunas permitieron superar la emergencia ocasionada por el COVID-19 y durante el último siglo han salvado millones de vidas. No obstante, aseguró que la expansión de los movimientos antivacunas ha favorecido el resurgimiento de enfermedades que habían llegado a considerarse prácticamente erradicadas, como la rubéola. LEA TAMBIÉN El especialista también enfatizó la importancia de mantener la vacunación ante el riesgo de un Fenómeno del Niño que, de acuerdo con los pronósticos citados en el documento, podría convertirse en el más intenso en un siglo. En ese escenario, explicó que aumentaría la exposición a enfermedades transmitidas por vectores, entre ellas dengue, fiebre amarilla y zika.Por ello, recomendó que las personas expuestas a mosquitos adopten medidas preventivas como el uso de repelentes, mosquiteros y prendas de manga larga, además de acceder a las vacunas disponibles en el país contra la fiebre amarilla y, recientemente, contra el dengue.El análisis responde a un borrador nunca publicado en una revista científica. Foto:Francisco ÁvilaComo parte de sus conclusiones, el grupo internacional de investigadores plantea cinco recomendaciones para enfrentar la desinformación relacionada con la vacunación. Entre ellas destacan diferenciar claramente la evidencia preliminar de los estudios ya revisados por expertos; evitar que herramientas de inteligencia artificial reproduzcan información falsa basada en investigaciones no verificadas; promover buenas prácticas científicas mediante transparencia en métodos, datos y análisis; fortalecer el diálogo entre profesionales de la salud y la población para generar confianza frente a las dudas sobre las vacunas; y mejorar la comunicación pública mediante información clara, accesible y fácil de compartir.Finalmente, los autores hacen un llamado tanto al personal sanitario como a los responsables de la toma de decisiones para mantener el respaldo a las jornadas de vacunación y reforzar las estrategias de educación dirigidas a la población sobre el funcionamiento de las vacunas y su impacto en la prevención de enfermedades y la protección de la salud pública.EDWIN CAICEDOPeriodista de Medioambiente y Salud @CaicedoUcros Sigue toda la información de Salud en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.








