CinePierre Schoeller imagina la �ltima y oportuna consecuencia del cambio clim�tico en una pel�cula tan cargante como oportunaCamille Cottin y Romain Duris en El s�ndrome Rembrandt.Actualizado Jueves,
agosto
21:32Todos estamos de acuerdo en que el cambio clim�tico no existe, que no es m�s que la �ltima excusa de los tristes que no son capaces de disfrutar del sol y el buen tiempo, que como invenci�n ya no da m�s de s�, que olas de calor, huracanes, sequ�as e incendios han existido desde siempre... Partiendo de aqu�, puro sentido com�n, las preguntas que habr�a que hacerse son las importantes: d�nde se consiguen gratis las gafas del eclipse, a qu� hora empieza el tardeo exactamente y c�mo har�a Spiderman para enganchar las telara�as en los Monegros, por ejemplo. Es decir, la cuesti�n sigue siendo la misma de siempre: �estamos gilipollas o qu�? El s�ndrome Rembrandt responde a la pregunta sin dudar: gilipollas. Y la verdad es que su lucidez y rapidez en la respuesta abruman. Se cuenta la historia de una ingeniera nuclear francesa (Camille Cottin) que un buen d�a decide colocar en una bonita tabla de Excell con la ayuda de la IA todos los datos relacionados de forma directa o indirecta con el calentamiento global que sufrimos. Y lo que le sale es un desastre nuclear de unas dimensiones sencillamente inaceptables; inaceptables para el planeta y para la propia supervivencia de la especie. Puede parecer ciencia- ficci�n y visto lo que est� pasando ahora mismo con los centrales at�micas centroeuropeas obligadas a parar los reactores por falta de agua... Da miedo. Mucho. Sea como sea, la pel�cula no es un documental y su idea no es alarmar por alarmar, sino alarmar por sentido de la responsabilidad. El punto de partida de la propuesta de Schoeller es, si se quiere, pol�tico o moral. Como ya hiciera en trabajos anteriores como El ejercicio del poder, la intenci�n es desnudar el lenguaje y aparataje te�rico (germen de protofascismo negacionista) que nos impide ver lo evidente y nos obliga a renunciar a protestar y actuar contra lo inadmisible. Desde este punto de vista, nada que reprochar a una pel�cula esencialmente l�cida, directa y, por todo ello, desoladora.El problema, que lo hay, es el empe�o incomprensible de la cinta de revestir el discurso con una capa de grave profundidad que, la verdad, no viene a cuento. El dilema contra el que se debate la protagonista aparece camuflado en una especie de crisis existencial que lo mismo remite a Rembrandt que se enreda en una suerte de met�fora confusa que acaba �nicamente por despistar. Sin embargo, y pese a ello y por esencialmente oportuna, pocas pel�culas se nos antojan ahora mismo tan de obligado cumplimiento. Nos hundimos. Por gilipollas.—Director: Pierre Schoeller. Int�rpretes: Camille Cottin, Romain Duris, C�leste Brunnquell. Duraci�n: 107 minutos. Nacionalidad: Francia.









