Las hembras han estado durante décadas apartadas de la investigación biomédica. Se entendía que sus ciclos hormonales introducían mucha variabilidad y era más sencillo analizar machos, tanto humanos como de otras especies. Fueron incorporadas a los experimentos hace años, pero a menudo las seleccionadas eran individuos jóvenes que nunca habían pasado por un embarazo o una lactancia; una manera de simplificar el trabajo de laboratorio que quizás también eliminaba aquello que podía resultar más interesante.La revista Cell ha publicado este jueves un artículo que propone darle la vuelta a ese razonamiento. Sus autores sostienen que la biología reproductiva femenina es una fuente potencial de mecanismos que permiten al organismo soportar el estrés, reparar sus tejidos y mantenerse con vida durante más tiempo. Estudiarla, por tanto, podría ayudar a entender por qué las hembras suelen vivir más que los machos —algo que sucede en muchas especies, incluida la humana—, y también cómo prolongar los años de buena salud de toda la población.La “hipótesis de la resiliencia reproductiva”, que es como han bautizado a la propuesta los investigadores del Buck Institute for Research on Aging, es un marco teórico que trata de conectar observaciones dispersas de la biología evolutiva, la reproducción y la gerociencia. Cuestiona que la reproducción sea siempre una inversión costosa, tal y como formulan las teorías clásicas, que postulan que, al ser limitada la energía disponible, los recursos empleados en producir descendencia no pueden dedicarse al mantenimiento y a la reparación del propio organismo. Según esta premisa, reproducirse mucho acelera el desgaste y va, en general, en detrimento de la longevidad.Los autores sostienen que cuando seguir vivo aumenta las posibilidades de reproducirse de nuevo, alimentar a las crías, protegerlas durante años o ayudar a hijos y nietos, la selección natural puede favorecer mecanismos que mantengan en buen estado el cuerpo del progenitor. Reproducción y longevidad dejarían de competir y pasarían a reforzarse en estos casos.Pankaj Kapahi, uno de los autores del artículo, define esa resiliencia como “la capacidad de acoplar la función reproductiva al mantenimiento del organismo”. “Los mismos sistemas que permiten reproducirse contribuirían a conservar la estabilidad metabólica, la función mitocondrial, la respuesta al estrés, la regulación inmunitaria, la reparación de los tejidos y la comunicación entre órganos”, explica por correo electrónico a EL PAÍS. Pone varios ejemplos de esto en la naturaleza. Las reinas de algunos insectos sociales combinan su fertilidad con una longevidad muy superior a la de las obreras. En determinadas hormigas, las trabajadoras que adquieren una función reproductiva alargan también su vida. Entre las ratas topo desnudas, los ejemplares reproductores viven más que el resto y las hembras criadoras parecen envejecer más lentamente desde el punto de vista epigenético.Son comparaciones que sirven para formular la hipótesis de la resiliencia, pero no dejan de ser ejemplos sujetos a muchos matices. En el caso de las reinas y las obreras, las diferencias van más allá de las biológicas: difieren en su alimentación, actividad, entorno y exposición a peligros. Los propios autores admiten que la evidencia comparativa es sugerente, pero que no establece una relación causal.Antonio Rosas, profesor de investigación del CSIC en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, sostiene que la propuesta es útil para colocar la biología de las mujeres en el centro de la investigación. “Incluso aunque no se confirmaran todas sus hipótesis, es una buena llamada de atención sobre la necesidad de estudiar la biología femenina, de tener en cuenta la historia reproductiva de las mujeres”, enfatiza. Desde el punto de vista evolutivo, Rosas cree que la propuesta puede complementar la conocida “hipótesis de la abuela”, que sostiene que la larga vida después de la menopausia pudo resultar favorecida porque las mujeres aumentaban la supervivencia de hijos y nietos, y con ella la difusión de sus propios genes. “Esta nueva teoría intenta bajar un peldaño más y buscar los mecanismos fisiológicos que conectarían esa ventaja evolutiva con el mantenimiento del organismo”, añade el investigador.Pero hay muchas cuestiones que el artículo no resuelve. Rosas subraya una: “Puedo entender que sea biológicamente útil crear un mecanismo por el que el mantenimiento del cuerpo y la reproducción vayan unidos. ¿Pero de dónde sale la energía para eso? Esa parte no está desarrollada en el trabajo”.La paradoja de vivir más con peor saludEn los seres humanos, la hipótesis pretende ayudar a explicar una aparente contradicción: las mujeres viven de media más que los hombres, pero suelen pasar una parte mayor de sus últimos años con enfermedades crónicas, discapacidad o fragilidad.Los autores plantean que durante la edad reproductiva las mujeres podrían beneficiarse de mecanismos de resistencia al estrés, defensa inmunitaria, mantenimiento mitocondrial y coordinación fisiológica. Después de la menopausia, la pérdida de parte de esa red contribuiría a aumentar la susceptibilidad a la osteoporosis, las enfermedades cardiometabólicas, la neurodegeneración y la fragilidad, aunque la ventaja femenina de supervivencia se mantuviera.El ovario ocupa un lugar central en esa parte de la propuesta. El artículo sugiere que, más allá de ser un órgano productor de ovocitos, estrógenos y otras hormonas sexuales, se configura como un centro de comunicación con el cerebro, los huesos, el metabolismo y el sistema inmunitario. Su deterioro afectaría a la coordinación que hasta entonces amortiguaba algunas vulnerabilidades. Tanto es así que lo sitúan como un posible nuevo hallmark del envejecimiento: esos mecanismos celulares y moleculares básicos que aparecen con la edad y contribuyen causalmente al deterioro progresivo del organismo. Hasta ahora hay consensuados 12.Antonio Cano, catedrático de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Valencia y especialista en menopausia, considera “fascinante” la hipótesis. “Hay observaciones epidemiológicas que encajan con ella: una menopausia más tardía se relaciona con una mayor longevidad y una menor fragilidad, mientras que la insuficiencia ovárica prematura se asocia a más enfermedad y mortalidad. También existen datos sólidos sobre la mayor susceptibilidad a osteoporosis y enfermedad cardiovascular después de la pérdida hormonal”, explica.Pero Cano marca la distancia entre esas asociaciones y la tesis más ambiciosa del artículo. Hasta ahora se ha estudiado cómo las hormonas y la función ovárica influyen en distintos sistemas. Presentar el ovario como un integrador principal de los mecanismos del envejecimiento supone “un punto más allá” y sigue siendo, según él, “muy hipotético”.En eso está de acuerdo Mónica de la Fuente, catedrática de Biociencias en la Universidad Europea de Madrid y especialista en inmunidad y envejecimiento. También considera que esta hipótesis se adelanta demasiado a lo que se sabe de los procesos de envejecimiento, además de “mezclar conceptos que en ocasiones confunden relación y causalidad”, aunque la considera como un marco complementario para ayudar a entender mejor este proceso. Pone el ejemplo de la menopausia, que aparece en muy pocas especies, mientras que el envejecimiento es universal. “Las diferencias sexuales modulan los mecanismos del envejecimiento, pero no los sustituyen”, resume. También pide prudencia con ejemplos llamativos como las abejas reina o las ratas topo desnudas y con la idea de presentar el ovario como centro rector del deterioro sistémico: que su declive coincida con cambios óseos, metabólicos o inmunitarios no demuestra que sea su causa principal.Pese a estas reservas, comparte la conclusión más práctica del trabajo: la necesidad de estudiar ambos sexos y de incorporar la historia reproductiva a la investigación. Embarazos, lactancia, número de partos o menopausia no deberían eliminarse como simples fuentes de variabilidad. “La idea tiene aportaciones interesantes, pero falta ser menos rotundos en determinadas afirmaciones y aportar demostración de los mecanismos propuestos”, concluye.