Cultivar un aguacate en casa puede hacerse de dos formas: a partir de la semilla del fruto o mediante un esqueje tomado de otra planta. Los dos métodos permiten iniciar el crecimiento en un espacio doméstico, aunque requieren pasos y cuidados diferentes. Germinar el hueso suele ser la opción más habitual, mientras que reproducirlo con una rama parte de material vegetal que ya ha comenzado a desarrollarse. En ambos casos, es importante controlar el agua, la luz y la temperatura durante las primeras etapas y mantener una rutina de cuidados constante.

Antes de empezar, conviene recordar que el aguacatero puede alcanzar un tamaño considerable y que su crecimiento necesita tiempo. Los ejemplares obtenidos de semilla pueden tardar entre tres y diez años en dar fruto, siempre que las condiciones sean adecuadas, por lo que este cultivo no ofrece resultados inmediatos. En una vivienda, el primer objetivo suele ser lograr que la planta eche raíces y crezca de manera estable. La elección entre el hueso y el esqueje dependerá del material disponible y de los cuidados que puedan mantenerse durante las primeras semanas, sin interrumpir el proceso de adaptación.

El cultivo mediante esquejes comienza eligiendo una rama sana. Lo más recomendable es utilizar un brote semileñoso que mantenga varias yemas activas y no tenga partes secas o dañadas. El corte debe hacerse en diagonal, porque así aumenta la superficie del extremo que quedará en contacto con el agua. Después se retiran las hojas inferiores para limitar la pérdida de humedad y favorecer la aparición de raíces. Como procede de una planta ya formada, este método permite mantener sus características y comenzar el proceso con un tallo más desarrollado.