En 1596, un grande de Espa�a quiso casarse. Ten�a 30 a�os, un palacete en la calle de las Huertas de Madrid, h�bito de caballero de Santiago, la encomienda de B�dmar y Alb�nchez con sus 12.000 reales de renta y el mando de una capitan�a de la caballer�a espa�ola. La elegida parec�a estar a su altura: una dama bien apreciada por los cortesanos del rey, amiga de la esposa de Lope de Vega. Antes de dar el paso, el pretendiente hizo lo que habr�a hecho cualquier noble prudente de su tiempo y elev� una consulta al Consejo de la Santa Inquisici�n. La respuesta fue demoledora.El tribunal le hizo saber que la grandeza de Espa�a no le exim�a del cumplimiento de las normas que se aplicaban a los conversos y que �l no dejaba de ser uno de ellos, que los hijos de los conversos ten�an limitado el acceso a los cargos p�blicos y a las universidades y que, si condescend�an con �l, otros conversos podr�an alentar pretensiones parecidas. No hubo boda.Tres a�os antes, el 3 de noviembre de 1593, aquel hombre se hab�a bautizado en el monasterio de El Escorial con agua tra�da del r�o Jord�n. Ofici� la ceremonia el arzobispo de Toledo y a ella asisti� lo m�s granado de la nobleza, con el nuncio del Papa y Lope de Vega entre los testigos. El padrino, vestido de negro riguroso, era el propio Felipe II, que impidi� que el ne�fito se arrojara a besarle los pies, lo levant� para abrazarlo, le permiti� permanecer cubierto ante �l (privilegio de grandes) y le dio su propio nombre: Felipe de Austria, aunque lo conocer�an como Felipe de �frica y, popularmente, con el sobrenombre de El Pr�ncipe Negro. La madrina era su hija, la infanta Isabel Clara Eugenia.Nada de todo aquello bast�. De la dama que no pudo desposar naci� en 1597 una ni�a, Josefa, criada lejos de su casa y con el nombre del padre mantenido en riguroso secreto. Solo la reconoci� en su testamento, dictado en Vigevano el 1 de noviembre de 1621, tres d�as antes de morir. La hizo heredera universal y le leg� la mitad de sus rentas. La otra mitad la destin� a pagar deudas, el luto de sus criados y el aceite de las l�mparas de sus iglesias. Nunca lleg� a verle la cara.Para saber m�sLa historia de la cuenta el escritor Antonio Llaguno (Almer�a, 1955) en Don Felipe de Austria, el Pr�ncipe Negro (Almuzara), biograf�a novelada de Muley Xeque, nacido en Marrakech en 1566, hijo y heredero del sult�n al-Mutawakkil, al que llamaban el Sult�n Negro por su tez oscura, sobrenombre que el hijo arrastrar�a toda la vida. El pr�logo lo firma Enrique Ojeda, embajador de Espa�a en Marruecos, y el relato lo pueblan, precisa el autor en su nota inicial, 113 personajes hist�ricos que existieron realmente.�Por qu� novelar una biograf�a? �Porque es un personaje un tanto desconocido en la historiograf�a espa�ola y he intentado recuperarlo�, explica Llaguno, en conversaci�n con este peri�dico. �Aunque se trata de una una biograf�a, le he aplicado un car�cter novelesco con los di�logos y con algunos comentarios en la memoria que hace el propio personaje para darle un poco de agilidad, aunque me he basado sobre todo en la precisi�n de los datos hist�ricos, en las fechas, en los personajes�.Llaguno lleva casi cuatro d�cadas orbitando el tri�ngulo que une Almer�a, Marrakech y Tombuct�. En 1988, reci�n estrenada su alcald�a de Cuevas del Almanzora, una expedici�n de profesores de la Universidad de Granada parti� hacia la curva del N�ger para recorrer el camino que cuatro siglos atr�s hizo Yuder Pach�, un ni�o de Cuevas raptado por los corsarios berberiscos que acab� conquistando para el sult�n de Marruecos el Imperio Songhai, con Gao y Tombuct�. �Me invitaron a sumarme a esa recuperaci�n de este personaje y desde entonces, desde el a�o 1988, estoy ligado a esta regi�n. He publicado varios libros al respecto y he hecho una decena de viajes a esa zona�, recuerda. De aquella obsesi�n sali� su novela El eunuco de Tombuct� (Almuzara, 2015) y de ella sale ahora tambi�n este pr�ncipe.Retrato de Muley Xeque, 'El pr�ncipe de Austria, hijo del rey de Marruecos' muerto en Lombard�a en 1621.La biograf�a de Muley Xeque apenas necesita ficci�n. El 6 de agosto de 1578 en Alcazarquivir, en la provincia de Larache, en el norte de Marruecos, la batalla de los Tres Reyes dej� muertos sobre el campo al rey don Sebasti�n de Portugal, al sult�n usurpador al-Malik y al padre del pr�ncipe, el destronado al-Mutawakkil. Muley Xeque ten�a entonces 12 a�os. �Me qued� hu�rfano de todo, pero presto a reivindicar mis t�tulos y derechos�, le hace escribir Llaguno en las memorias imaginarias que vertebran el libro. Portugal lo acogi� como refugiado pol�tico con un s�quito de 57 personas y una asignaci�n de 2.000 maraved�es diarios que llegaban siempre tarde y mal.Refugiado pol�tico tras la batalla de los tres reyes, Felipe II convirti� a Muley Xeque en un pe�n diplom�tico en su partida de ajedrez contra MarruecosCuando Felipe II se anexion� el reino vecino en 1580, hered� tambi�n al pr�ncipe. Y supo enseguida qu� hacer con �l. �Tendremos que utilizar a los infantes marroqu�es como peones en la partida�, escribe el rey al duque de Alba en julio de 1580, en una de las cartas que recoge el libro. La partida era el ajedrez diplom�tico por Larache, el puerto atl�ntico que el Rey Prudente ambicionaba para proteger de piratas sus flotas de las Indias. Mientras Muley Xeque siguiera siendo musulm�n y heredero leg�timo, Madrid pod�a agitar ante el sult�n Ahmed al-Mansur el fantasma de su desembarco en Marruecos al frente de un ej�rcito. �El ni�o se convierte, en manos de Felipe II, en un pe�n de ajedrez que impon�a una amenaza: si el sult�n no entraba en la �rbita hispana, pondr�a en el trono a este sobrino suyo que estaba desterrado aqu�, en Espa�a�, resume Llaguno.Al pe�n, eso s�, se le cuidaba. Instalado en Carmona en 1589, las autoridades desalojaron 40 casas para aposentar a su corte, el rey orden� que se le organizaran fiestas y el pr�ncipe se aficion� al juego de ca�as mientras cientos de moriscos acud�an al alc�zar a rendir pleites�a al descendiente del Profeta. Pero la partida cambi� en 1593, en And�jar, durante la romer�a de la Virgen de la Cabeza. Muley Xeque, que se hab�a mezclado entre los peregrinos vestido de cristiano mientras su s�quito se burlaba del fervor de los devotos, entr� en la ermita cuando los sacerdotes retiraban los velos de la imagen y sali� converso. Su gente se amotin� y su t�o al-Karim intent� envenenarlo con una p�cima disfrazada de medicina.La semilla, cuenta el libro, ven�a de lejos. En el palacio de Marrakech, el presb�tero Diego Mar�n, un sacerdote cautivo que hab�a trabajado en Las Cuevas, le hab�a descubierto de ni�o que Maryam, la Virgen Mar�a, era la mujer m�s venerada del Cor�n. �La cristiana y la musulmana eran dos religiones unidas por Mar�a�, escribe Llaguno recreando las memorias de su personaje protagonista.El bautismo cubri� de honores a Muley Xeque, pero tambi�n le sec� el porvenir. �Cuando se convirti� al cristianismo y dej� de ser heredero al trono marroqu�, dej� de ser �til y el olvido se hizo cargo de la situaci�n�, explica el autor. La lista de agravios del converso es minuciosa: no pudo casarse, se le impidi� servir en Flandes pese a ser capit�n de la caballer�a y los sueldos de sus cargos llegaban con a�os de retraso. Y eso, si llegaban. �En fin, que nunca se le recompens� en la vida cotidiana con las cosas a las que ten�a derecho desde su infancia�, concluye el autor.Fue un devoto religioso y tambi�n regio. Se bautiz� pero nunca escap� a los l�mites sociales que sufr�an los conversos�Es esa la verdadera tragedia del personaje, que ni el bautismo de El Escorial lo hizo espa�ol del todo? �Efectivamente, esa es un poco la historia resumida de nuestro Muley Xeque, luego Felipe de Austria, que su origen acab� pesando m�s que sus actos�, responde su bi�grafo. �Porque �l fue un devoto religioso y tambi�n regio. Su lealtad a Felipe II y a la Virgen Mar�a fueron siempre incontestables�. Y de arriba abajo, a�ade, el prejuicio solo pod�a multiplicarse: �Si eso ocurr�a en los niveles m�s altos de la nobleza, imagin�monos lo que pasar�a con un morisco de a pie�.Lo que hace del libro algo m�s que un memorial de agravios es un fresco. Por sus p�ginas desfila el Siglo de Oro al completo. Miguel de Cervantes, comisario de abastos, se presenta en el alc�zar de Carmona en febrero de 1590 y le trae noticias de sus t�os, a los que trat� durante sus cinco a�os de cautiverio en Argel. Lope de Vega, que le dedic� la comedia La tragedia del rey don Sebasti�n y bautismo del pr�ncipe de Marruecos, lo gu�a por las tabernas, los mentideros y los corrales de Madrid, y celebra en un soneto a aquel pr�ncipe que troc� �a Fez en Fe�.Con semejante elenco de personajes, �d�nde sit�a Antonio Llaguno la frontera entre el historiador y el novelista? �El viaje que Miguel de Cervantes hace a Carmona en calidad de ese funcionario de abastos es real y sucedi� en esos mismos a�os. La conversaci�n, claro, es un poco inventada, pero los contactos son absolutamente reales�, defiende Llaguno. �Los dos autores incluso se intercambiaron poes�as en sus obras respectivas�. Con Galileo, que aborda a su Felipe II en la antesala del Papa Paulo V en 1609, admite la �nica trampa: �La �nica licencia que me tomo es, efectivamente, suponer que se conocieron, aunque s� tengo datos de que coincidieron en Roma en ese mismo a�o�. Lo mismo vale para la amistad infantil entre Muley Xeque y Yuder Pach� en el palacio de Marrakech, otra concesi�n a la imaginaci�n confesada: �Si dos j�venes de una edad aproximada est�n en el mismo sitio en los mismos a�os, �no es l�gico que se conocieran?�, se pregunta el autor.Y lleg� 1609. Cuando se firm� la Tregua de los Doce A�os y el Consejo de Estado empez� a redactar los decretos de expulsi�n de los moriscos, un emisario del rey Felipe III le hizo saber al pr�ncipe que la medida no ten�a por qu� concernirle. El mismo rey, acto seguido, le aconsej� la partida. Llaguno sugiere una raz�n: �No quisiera seguir viviendo en una tierra en la que la sangre, no las creencias ni la lealtad, va a ser el criterio que se utilice para convertirnos en buenos o en malos�. Embarc� en Barcelona a principios de aquel verano, meses antes de que Felipe III firmara el primer decreto, y tard� ocho semanas de cabotaje en llegar al puerto de Roma."Seguramente, alguien vea mal la peripecia de un pr�ncipe marroqu� que abjura del islam, pero es una realidad hist�rica"Antonio Llaguno, autor de Don Felipe de Austria, el Pr�ncipe Negro (Almuzara)Italia fue, primero, un destierro amable, y despu�s, una lenta retirada. En Roma lo recibi� con afecto Paulo V, que hab�a asistido a su bautizo cuando era nuncio en Espa�a. En Mil�n, el anciano conde de Fuentes lo nombr� capit�n y acab� haci�ndolo su albacea y heredero; muerto el gobernador, llegaron sucesores que hab�an hecho carrera persiguiendo o deportando moriscos, y el pr�ncipe se retir� a Vigevano, a la oraci�n, las limosnas y la escritura de unas memorias.Al autor de su biograf�a novelada, ese declive le interesa tanto como las batallas. Formado como psic�logo antes que como historiador, reconoce que esa mirada humanista gu�a sus retratos: �Mi formaci�n en psicolog�a hace que me fije en la personalidad, que quiera entender al personaje analizando su psicolog�a�. Y diagnostica: �Al final de su vida, Muley Xeque se ti�e un poco de melancol�a al ver que no puede conseguir todo lo que pretend�a y a lo que quiere tener derecho�.A Llaguno no se le escapa que la peripecia de un pr�ncipe marroqu� que abjura del islam, prologada adem�s por el propio embajador de Espa�a en Marruecos, puede incomodar hoy a m�s de un lector a ambos lados del Estrecho. �Seguramente, alguien lo vea mal pero es una realidad hist�rica�, zanja la posible pol�mica.Hace unos d�as, en pleno fervor nacional por el Mundial de F�tbol, Mariano Rajoy escribi� en una de sus curiosas columnas de opini�n que la selecci�n francesa tiene un alt�simo nivel �pero sin franceses�, y la embajada de Francia hubo de salir a certificar que sus 26 jugadores tienen, efectivamente, nacionalidad francesa. Cuatro siglos despu�s de Muley Xeque, la pregunta sobre qui�n es de verdad de un pa�s contin�a, por tanto, abierta. �Qu� responder�a su Pr�ncipe Negro a una afrenta como la del ex presidente espa�ol? �Dir�a que �l mismo era hispano, espa�ol. Aunque si se le preguntara sobre sus or�genes, los datar�a tambi�n en Marruecos. Tuvo vocaci�n de ser cristiano y del pa�s que lo acogi�, contesta Llaguno. Y resuelve: �Uno es del pa�s donde vive, que quiere y donde es recibido por la sociedad en la que est�, al margen de donde haya nacido y de qu� color presente su piel�.El 6 de noviembre de 1621, la nobleza del ducado de Mil�n enterr� a don Felipe de �frica en la catedral de Vigevano. Sobre el sepulcro de m�rmol dispusieron su retrato entre dos escudos, el de Marruecos y el de Castilla, y una inscripci�n: �Aqu� yace don Felipe de Austria, pr�ncipe de Fez y de Marrakech, ahijado bien querido de don Felipe II�.
La incre�ble historia del Pr�ncipe Negro, un infante marroqu� en la corte de Felipe II: "Su origen ex�tico acab� pesando m�s que sus actos"
En 1596, un grande de Espa�a quiso casarse. Ten�a 30 a�os, un palacete en la calle de las Huertas de Madrid, h�bito de caballero de Santiago, la encomienda de B�dmar y...







