El noroeste de Lanzarote concentra uno de los paisajes costeros más conocidos de la isla. En esta zona, una pared volcánica se extiende frente al Atlántico durante kilómetros, junto a una amplia franja de arena. La combinación del relieve, el mar y el espacio abierto hace de Famara un lugar donde coinciden la geología, la biodiversidad y actividades al aire libre.

El espacio se reparte entre los municipios de Teguise y Haría y forma parte del Parque Natural del Archipiélago Chinijo. Desde las zonas altas pueden verse la costa occidental, La Graciosa y varios conos volcánicos del interior. A la altura del mar, la playa pasa a ser el principal punto de interés. Su anchura cambia con las mareas y sus condiciones atraen tanto a quienes pasean por la orilla como a quienes practican deportes relacionados con el viento y las olas.

La visita puede organizarse de varias formas. El macizo permite conocer una de las formaciones más antiguas de Lanzarote, mientras que la playa ofrece un largo recorrido junto al océano. En ambos casos conviene tener en cuenta la exposición del terreno, las corrientes, la fuerza del viento y la protección ambiental de una zona con especies vegetales endémicas y espacios importantes para las aves.