El jueves 30 de julio, Javier Milei anunció por cadena nacional un nuevo conjunto de reformas destinadas, según sus palabras, a terminar con las condiciones que hicieron posible la inflación argentina. El eje principal fue una modificación de la Carta Orgánica del Banco Central para prohibir de manera taxativa el financiamiento monetario del Estado. Pero el Presidente anunció también la creación de un “grillete fiscal”, un mecanismo que buscará impedir que el Estado vuelva a incurrir en déficit y que incluso prevé un cierre parcial —un “shutdown”, en lamentable reflejo anglófilo— de la administración pública cuando el Congreso apruebe gastos que rompan el equilibrio de las cuentas públicas. No hay demasiadas novedades conceptuales en el anuncio. Milei lleva años sosteniendo argumentos rudimentarios y monocausales sobre estos asuntos. El problema, a nuestro modo de ver, es que, a esta altura, la idea de que el déficit fiscal constituye por sí mismo un problema —y que el equilibrio debe ser un objetivo permanente de la política económica— excede ampliamente a Milei.
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