Actualizado a las 20:24h.

Javier Milei acaba de remitir al Congreso el paquete de reformas más ambicioso de su mandato: una nueva Carta Orgánica del Banco Central y una regla fiscal permanente que ha bautizado como «grillete fiscal». El diagnóstico que las inspira es incontestable. Desde 1935, la inflación ... acumulada en Argentina asciende a 12 trillones por ciento: nueve décadas de un impuesto que nadie votó y con el que la clase política financió, a costa de su población, aquel gasto que no se atrevía a recaudar mediante impuestos formales. El diseño es, además, técnicamente robusto. El banco central recupera un mandato único (preservar el valor del peso); se le prohíbe financiar al Tesoro, a las provincias y a los municipios; sus ganancias van a una reserva técnica indisponible; y desaparecen las llamadas letras intransferibles, ese artificio con el que el Tesoro vaciaba las reservas a cambio de papeles invendibles. Se blinda a su cúpula directiva: la nombra el presidente, pero sólo dos tercios de ambas cámaras pueden removerla. Y, finalmente, el grillete fiscal cierra el cerco por el lado del exceso gasto: si el déficit público persiste y el Congreso no enmienda el presupuesto, se decreta el cierre administrativo y se suspende el sueldo de presidente, ministros y legisladores.