Actualizado Mi�rcoles,

agosto

17:28Como las comparaciones son odiosas, en este art�culo se describir� un fen�meno sin aludir a ninguna startup. Tanto en Espa�a como en el resto del planeta, el capitalismo tecnol�gico funciona del siguiente modo: hay una fase m�s o menos semilla, un producto esbozado o probado, y un grupo de inversores (gestoras, amigos, business angels) proclive a sufragar toda o parte de la aventura. En las primeras etapas, la accesibilidad es la norma, y tiene sentido: al equipo fundador le interesa, principalmente, colocarse en el escaparate y perorar sobre la propuesta que se vende. El margen de error se ha reducido extraordinariamente en un pa�s donde confluyen tres fen�menos: hay varias compa��as que superan los 1.000 millones de valoraci�n, hay emprendedores con �xitos previos que se embarcan en nuevas odiseas o construyen fondos de inversi�n, y hay empresarios de primera hornada mejor formados y aleccionados sobre los errores habituales del comienzo (un mal pacto de socios, una diluci�n excesiva, un planteamiento sin el aval del mercado) y las sinergias que conducen al siguiente pelda�o (cultura clara, fichajes con sentido, pivotar cuando toca). En muchos casos, la diferencia con una compa��a tradicional est� en la accesibilidad. Aqu�, al menos en los arranques y hasta la entrada del venture capital, no es obligatorio constituir un consejo de administraci�n. La startup se identifica con su CEO y el CEO es la cara visible de la startup. Suele ser crucial, desde el prisma medi�tico, que ese l�der sea un buen narrador tanto en el plano t�cnico como, especialmente, en la traducci�n de la actividad empresarial al lenguaje com�n del lector. Opera, asimismo, el esp�ritu garajero tantas veces asociado a algunos de los ap�stoles de Silicon Valley: el contacto es directo, sin pasar por el embudo de un departamento de comunicaci�n y marketing. Gracias a la complicidad o, si se quiere, al desenfado de las primeras citas, a veces se forjan relaciones que duran a�os e incluso d�cadas. El emprendedor dispone as� de un altavoz de confianza; el medio, de una fuente de primer orden cuando de informar acerca de firmas tecnol�gicas se trata. Para las startups esta es una cadencia necesaria, ya que muchas son intensivas en el levantamiento de capital y (m�s importante seg�n se mire) en la iteraci�n de su software o plataforma. Estar en la vitrina equivale a exponerse ante los fondos, o ante corporaciones inclinadas a las adquisiciones, o simplemente transmitir una imagen de constancia y solvencia para escalar posiciones en un tablero, el de los consumidores, las empresas, los pa�ses y las regiones, que no regala nada. Luego, si las cosas funcionan, de la semilla brota un tallo y del tallo una planta con hojas y flores. Seg�n la fortuna, el talento y la estrategia, se forman sobre el terreno diferentes constelaciones, desde la organizaci�n s�lida con ebitda positivo, una plantilla en crecimiento y una buena base de clientes, hasta el unicornio y m�s all�. Este m�s all� suele incluir la guinda a veces dudosa del exit, pues es m�s com�n que una startup de aqu� termine en manos extranjeras que en la despensa de una compa��a del IBEX. De cualquier modo, la expansi�n implica complejidad y de la complejidad deriva el peligro de convertir la frescura narrativa en el viejo cors� de las grandes tramas burocr�ticas. Conviene no confundir la frescura con la excentricidad. Un CEO se forja (machadianamente) haciendo camino; se pule, se curte, se nutre de los deslices y los aciertos, y no debe, no tiene por qu� renunciar a una de sus grandes ventajas sobre cualquier empresario ortodoxo. La suya es una carrera diferente, m�s apegada a la tecnolog�a y por lo tanto m�s vertiginosa, y es verdad que la entrada de sucesivos inversores redoblar� la presi�n, a menudo hasta casi la asfixia, pero nadie le fuerza a perder lo que le hace singular: esa transparencia, ese tel�fono descolgado, esa conversaci�n fluida que no pende de una agenda y que refuerza a su startup en la vitrina de los ejemplos a seguir, del trabajo bien hecho, de la ecograf�a mes a mes, no lustro a lustro.