EditorialDaniel Ortega comenzó la demolición de la democracia dividiendo a los nicaragüenses, sembrando odio entre ellos y desplegando campañas diseñadas para desacreditar las instituciones. La responsabilidad de Costa Rica es doble: no dar la espalda a un pueblo que sufre cárcel, exilio, miedo y supresión de libertades, y no trivializar dentro de nuestras fronteras el lenguaje con que comienzan las tiraníasEscuchar05 de agosto 2026, 05:00 a. m.En 2021, Daniel Ortega convocó una pantomima electoral después de encarcelar a sus principales rivales y se adjudicó la reelección. Luego del fraude, convirtió a Rosario Murillo en copresidenta. (CESAR PEREZ/AFP) La NaciónAnálisis de opinión en cada editorial de La Nación, medio de referencia en Costa Rica, fundado en 1946.En beneficio de la transparencia y para evitar distorsiones del debate público por medios informáticos o aprovechando el anonimato, la sección de comentarios está reservada para nuestros suscriptores para comentar sobre el contenido de los artículos, no sobre los autores. El nombre completo y número de cédula del suscriptor aparecerá automáticamente con el comentario.
Editorial: Nicaragua: la dolorosa lección de jugar con la palabra ‘dictadura’
La deriva autoritaria de Daniel Ortega en Nicaragua demuestra por qué Costa Rica debe defender la democracia, rechazar una sucesión dinástica y no trivializar el lenguaje de las dictaduras








