Opinión
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La antorchaLa diplomacia guatemalteca, que tiene un peso relativo en la región, si se ejerciera con efectividad, debería tomar iniciativas.
Daniel Ortega Saavedra, quien somete con mano férrea e implacable al noble pueblo nicaragüense, sin permitir disidencia alguna, incluyendo a la de índole religiosa, aprovechó la celebración del 47 aniversario del triunfo de la Revolución Sandinista (1979) para expresar categóricamente ante militantes debidamente endoctrinados, “aquí no volverá a haber elecciones”. Ortega, además, tuvo la impensable osadía, sin miramiento, y con clara ofensa al devoto pueblo católico nicaragüense, de cerrar así su sesgado discurso político: “Y estamos en esta plaza que lleva el nombre de Juan Pablo que estuvo en Nicaragua, y recientemente, el cardenal estuvo reunido con su santidad el Papa, el nuevo papa, que ha mostrado una gran fortaleza para denunciar a los que quieren oprimir a los pueblos. Y le decimos al Santo Padre: ¡Gracias, gracias, gracias, por sus bendiciones!”. ¡Qué ironía! Han reprimido y expulsado a miembros de la Iglesia católica nicaragüense.
Los gobiernos del Sistema de la Integración Centroamericana (Sica) que cuestionaron públicamente esas declaraciones fueron Costa Rica, Panamá y Guatemala. El resto de países miembros del Sica: El Salvador, Honduras, Belice y República Dominicana, entiendo que aún no se han pronunciado.













