Los suelos salinos son un problema importante para la producción agropecuaria en Argentina. Tan solo en las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe se contabilizan 20 millones de hectáreas de tierras bajo esas condiciones. Se trata de zonas bajas donde la alta concentración de distintas sales impide el desarrollo de cultivos agrícolas y pasturas implantadas. Sin embargo, este no es un diagnóstico irreversible ya que hay forma de transformarlos en suelos aptos y productivos tanto para la ganadería como para la agricultura. De eso se habló este martes 4 de agosto en el 34° Congreso de Aapresid que se lleva adelante en Rosario con la fuerza de Expoagro en la organización.A sala llena, el Dr. Cristian Álvarez, ingeniero agrónomo, docente de Edafología de la Universidad de La Pampa y ex investigador de INTA, junto al ingeniero agrónomo Luciano Lehr, técnico del Sistema Chacras de Aapresid, dieron a conocer el sistema de manejo que han implementado desde hace seis años para recuperar suelos salinos, apuntando a lograr un sistema más estable, con mejor nivel productivo y más rentable, en esos ambientes complicados.“Para recuperar un ambiente con riesgo hídrico y salino, lo primero que hay que hacer es un mapa de riesgo hídrico, es decir, registrar la frecuencia de encharcamientos que hubo en los últimos 20 o 30 años; en qué momento se produce, si es en primavera o en otoño, ya que son los dos momentos de intervención y cuál es el tiempo de duración de ese anegamiento, lo cual va a depender mucho del tipo de suelo, es decir, si tiene alguna dificultad para drenar o no, si hay algún tipo de sal o no”, explicó el Dr. Álvarez.A ese mapa de riesgo hídrico, a continuación, se debe superponer el mapa de riesgo salino, que se determina en base a datos NDVI en los que el cultivo se expresa con diferentes colores. A partir de allí, con ambos mapas superpuestos, se obtiene el riesgo o la oportunidad de mejora en cada una de las situaciones puntuales.En el caso de que la zona tenga alto riesgo hídrico y también salino, los expertos recomiendan no hacer nada y esperar a recuperar el resto del lote en etapas.Con esta información se empieza trabajar el terreno “desde arriba hacia abajo”. “Los bajos se recuperan como carga el girasol: el girasol carga los granos más grandes afuera y los más chicos, adentro, en forma centrífuga, porque es la forma del camino del agua o sea el agua encharca”, ejemplifica Álvarez. Así, se comienza a trabajar donde hay más cobertura.De acuerdo al especialista, el riesgo hídrico tiene que ser lo más bajo posible. “Para los diferentes tipos de sales, hay diferentes especies que tienen de distinto grado de tolerancia, pero no tenemos ninguna de esas especies que toleren encharcamiento, entonces ahí es donde se dispara la principal variable que es el riesgo de encharcamiento, luego el riesgo de salinidad y en base a eso, se hace la elección de la especie, la fecha de siembra y el tipo de siembra”, detalló.Los ingenieros recomiendan la siembra que utilizaban los “viejos pasturólogos”, a surco abierto, porque evita el encostramiento en superficie, es decir, el problema físico, y también hace que la sales en lugar de depositarse arriba de las semillas lo hagan en el talud, bajándole la presión al potencial osmótico que generan sobre la especie. De acuerdo con la concentración de sales que contenga el suelo, determinan la profundidad de siembra. “Hay especies que estamos sembrando a 7 u 8 centímetros y tienen un nacimiento extraordinario; lo que buscamos con esto es mejorar la implantación de las especies porque sabemos que es la principal consecuencia para no generar ni biomasa ni productividad de granos”, indicó el docente.Los especialistas buscan las diferentes alternativas de cultivos posibles, considerando la profundidad y la densidad de siembra y la nutrición, con el objetivo de mejorar la productividad de la especie que se va a implantar, ya sea girasol, sorgo, maíz, alfalfa o agropiro o cualquier otra.Esta tecnología de procesos es la previa que el productor puede empezar a realizar desde su escritorio, reconociendo los problemas de su lote a través del registro de imágenes, frecuencias, etc. o bien, puede delegarlo en algún especialista en ambientación.“Estamos haciendo dobles combinaciones. Hay algunos cultivos que sembramos en el invierno, de cobertura o pastoreo, y que usamos como puente para reducir el riesgo hídrico y bajarle la presión a las sales, buscamos administrar la humedad y, por lo tanto, lograr mejores implantaciones del cultivo siguiente”, dijo Álvarez.Luego, utilizan girasol, sorgo o maíz por su fecha de siembra, lo que les da la posibilidad de que se instale un cultivo y de empezar a limpiar el lote, frenando el impacto de las malezas.“Hoy estamos trabajando mucho en fertilización, buscando eficiencias de producción, por ejemplo, en gramíneas como agropiro el año pasado llegamos a producir en algunos ambientes en el sudeste hasta 50 toneladas de materia verde que serían 20 mil kilos de materia seca, es una locura”, destacó el experto. Para lograrlo, recurrieron a fertilización y pastoreos intensos, pero con poca frecuencia, cuidando las plantas sin afectar la densidad y estimulando la tasa de macollaje a fin de que expresen la mayor área foliar posible.Dentro de los fertilizantes, eligen aquellos que no tengan que tengan reacciones ácidas, recurriendo a fuentes como sulfato de amonio, por ejemplo, e incluso algunas tecnologías directamente aplicadas a las plantas como nanoureas. Lehr, contó que en Intendente Alvear, Bernardo Larroude y González Moreno, hicieron ensayos con distintas densidades de siembra de cultivos de grano para determinar cuál era la óptima en esos ambientes. "Este año, en girasol, la conclusión que sacamos, es que con 70000 semillas, lo que estamos logrando es lograr 5,5 plantas o 5 plantas por metro cuadrado, sería el nivel óptimo de plantas logradas por metro cuadrado para asegurarte un buen rendimiento", detalló. Los ingenieros hicieron hincapié en que los bajos requieren una mirada de mediano plazo y su recuperación pasa por cubrir el suelo y generar transpiración por actividad fotosintética."Primero se construye el ambiente; luego se incorporan tecnologías de insumo que permitan seguir aumentando su productividad, como fertilización, intersiembras, etc", indicó Lehr. "La vocación del suelo debe guiar las decisiones de manejo", subrayó.
Revelan cuáles son los pasos para recuperar un suelo salino y producir granos de forma rentable
Dieron a conocer el sistema que los llevó a transformar tierras improductivas en agrícolas en seis años.La charla se dio en el marco del Congreso Aapresid.










