Pluma invitadaLa desnutrición no es únicamente un problema nutricional.
Guatemala tiene una de las tasas más altas de desnutrición crónica infantil del mundo. Uno de cada dos niños menores de 5 años padece esta condición, con prevalencias aún mayores en poblaciones indígenas y rurales. Lo más preocupante no es solo la magnitud del problema, sino su persistencia.
Durante décadas, el país ha contado con políticas públicas, estrategias nacionales, cooperación internacional, préstamos, donaciones, programas gubernamentales, proyectos de oenegés y asistencia técnica especializada orientada a combatir la desnutrición. Miles de millones de quetzales y cientos de millones de dólares han sido invertidos en el tema. Sin embargo, la crisis continúa.
La pregunta incómoda que pocos quieren formular es simple: ¿por qué Guatemala sigue produciendo desnutrición crónica a pesar de tantos esfuerzos, instituciones, programas e inversiones? La respuesta trasciende la disponibilidad de alimentos. La raíz del problema se encuentra en factores estructurales: pobreza persistente, exclusión histórica, desigualdad territorial, debilidad institucional, fragmentación de programas, falta de continuidad de políticas públicas y graves fallas de gobernanza.








