En Ecuador, donde casi un 40 % del sector indígena presenta desnutrición crónica infantil (2025), la estrategia nacional apunta a reducir la prevalencia de la DCI en menores de 2 años a menos del 15 % hasta 2030. A ello se suman programas gubernamentales como el Bono de los 1.000 Días, dirigido a las familias más vulnerables, lo cual es crucial porque “Ecuador es el tercer país con más hambre entre los países de América del Sur, solo por detrás de Bolivia y Guyana, según datos del Índice Global del Hambre”, citó el médico clínico intensivista Jaime Galo Benites Solís en una carta dirigida a este Diario en noviembre de 2025. El reciente estudio nacional de World Vision Ecuador, denominado Hambre, nutrición y seguridad alimentaria y su efecto en el desarrollo de las niñas y niños entre 7 y 10 años ofrece una esperanza adicional: esta es la última ventana de oportunidad para recuperar el desarrollo tras la DCI. PublicidadIntervenir en estas edades es altamente rentable, alega Esteban Lasso, director de World Vision Ecuador, quien destacó que “la desnutrición crónica no empieza a los 7 años, empieza mucho antes. A esta edad ya no siempre podemos recuperar la talla, pero sí podemos recuperar algo igual de importante: las oportunidades de aprendizaje, salud y desarrollo. Por eso, nunca es tarde para intervenir, pero sí es urgente empezar antes". El estudio, realizado en el marco de la campaña “Suficiente” de World Vision, muestra que hay diferencias importantes en la situación alimentaria de la niñez según la región:En la Sierra, si bien se observa mayor diversidad alimentaria, esta es insuficiente para garantizar una dieta equilibrada. Aquí el acceso limitado a proteínas y lácteos genera dietas monótonas basadas en carbohidratos baratos (arroz, fideos, pan), lo que sostiene la suficiencia calórica, pero reproduce la desnutrición crónica y el «hambre oculta». En la Costa, a pesar de la mayor diversidad de frutas y productos marinos, los altos precios del plátano, pescado y mariscos fuerzan a las familias a recurrir a ultraprocesados más accesibles en bares escolares y tiendas, reforzando la doble carga de malnutrición.En la Amazonía la dieta depende casi exclusivamente de la chacra y la pesca; cuando la producción o el transporte fallan, los hogares reducen las comidas y la variedad. Se recurre a la solidaridad comunitaria, al trueque o a la búsqueda en el bosque, estrategias que reflejan resiliencia, pero son frágiles. Cotopaxi, Orellana y Santo Domingo presentan los niveles más bajos en diversidad y consumo alimentario, mientras que Santa Elena, Manabí y Guayas registran los puntajes más altos. Las familias ajustan su alimentación a lo que pueden conseguir.Los niños con más baja talla en relación con su edad están en las provincias de Cotopaxi y Chimborazo: 90 % con talla baja y 22,7 % con talla muy baja. ¿Cuál es el papel de la escuela en la desnutrición crónica infantil?Ya que los niños pasan entre 7 y 6 horas en clases, el entorno escolar se posiciona como un espacio clave para el desarrollo integral de niñas y niños. World Vision evidencia que, mientras algunos estudiantes acceden a alimentos preparados en casa, otros dependen de bares escolares donde predominan productos de bajo valor nutricional.PublicidadPublicidadFortalecer la alimentación escolar, entonces, debe ser visto no solo como atender una necesidad puntual de saciedad, sino como una estrategia para recuperar las ya mencionadas oportunidades de aprendizaje, salud y desarrollo.La ONG plantea el fortalecimiento de políticas públicas integrales que garanticen el derecho a una alimentación adecuada para la niñez, a través del fortalecimiento de programas escolares de alimentación saludable que observen la diversidad territorial y cultural; promover la educación alimentaria en escuelas, familias y comunidades; y el apoyo a la producción local y economías familiares.Publicidad“La escuela y la familia representan hoy la última oportunidad para cambiar la trayectoria de miles de niñas y niños en Ecuador”, resume el documento, elaborado a base de una muestra representativa de 600 niñas y niños entre 7 y 10 años en Costa, Sierra y Amazonía.¿Hay diferencias en la alimentación de niños y niñas?Los resultados en la relación peso-edad indican un patrón de mayor prevalencia de peso muy bajo y bajo en niños que en niñas, aunque las diferencias absolutas son pequeñas (1,4 % en varones versus 0,5 % en niñas). En el caso del índice de masa muscular, se observa que la prevalencia de sobrepeso y obesidad combinadas alcanza el 38,5 % en niños varones, significativamente mayor que el 28,0 % en niñas, sugiriendo una mayor carga de exceso de peso en la población masculina. A su vez, las niñas presentan un 1 % de delgadez frente a 1,4 % en los varones, indicando una menor proporción relativa de déficit energético en el grupo femenino. PublicidadRespecto al estado nutricional por talla/edad, se observa una mayor proporción de niños varones con talla baja (5,3 %) y talla muy baja (6,8 %), en comparación con las niñas (2,9 % y 2,5 %, respectivamente). “Estos hallazgos refuerzan la importancia de incorporar una perspectiva de género en el análisis nutricional; la carga de malnutrición —ya sea por exceso o por déficit— no se distribuye de forma equitativa entre los sexos, y puede requerir enfoques diferenciales en las estrategias de intervención”.En las ciudades hay mayor prevalencia de sobrepeso y obesidad: un 15,1 % presenta sobrepeso y 19,2 % obesidad, frente a 8,8 % y 10,5 %, respectivamente, en el área rural. “Este patrón sugiere que los entornos urbanos están más expuestos a dietas hipercalóricas, baja actividad física y disponibilidad de alimentos ultraprocesados”. Por otro lado, el área rural presenta una leve mayor proporción de niñas y niños con retraso en talla: 5,3 % con talla baja y 3,5 % con talla muy baja, en comparación con 4,3 % y 4 % en el sector urbano, respectivamente. Las recomendaciones varían según la región. En la Sierra, lo central es romper la monotonía de la dieta y asegurar acceso a proteínas, lácteos y verduras frescas, con programas de subsidio y compra directa a productores locales de leche, queso, huevos y hortalizas, con destino a comedores escolares y comunitarios. También expandir los huertos escolares y familiares, reforzar los controles a bares escolares y priorizar campañas educativas que vinculen nutrición con bienestar emocional. En la Costa, la prioridad es regular el bar escolar y diversificar la dieta urbana, donde predomina la comida rápida y ultraprocesada. Pasar a frutas locales, jugos naturales y preparaciones tradicionales como encebollado o cebiche de pescado en porciones pequeñas y accesibles. En comunidades rurales, reforzar mecanismos de fiado responsable y ferias solidarias para que las familias no dependan de productos baratos de baja calidad nutricional. Además, diseñar estrategias pedagógicas en salud alimentaria, dado que los niños asocian los ultraprocesados con felicidad. En la Amazonía es más desafiante: fortalecer la resiliencia climática y comunitaria. Apoyar chacras diversificadas con cultivos de ciclo corto y técnicas de riego adaptadas a la variabilidad climática, junto con iniciativas de almacenamiento comunitario para amortiguar los ‘meses malos’. Se recomienda consolidar los trueques comunitarios y ferias locales, complementándolos con recursos financieros y técnicos para que los cuidadores no deban reducir porciones como primera respuesta a la escasez. (I)
La última ventana para recuperarse de la desnutrición crónica infantil está entre los 7 y 10 años
Las recomendaciones son intervenir en la alimentación escolar, apoyar a familias y comunidades y educar, pues los niños asocian ultraprocesados con felicidad.












