Ana tiene cinco años y vive en Alta Verapaz, donde una de cada dos personas vive en pobreza extrema. En sus primeros seis meses de vida, su mamá no pudo alimentarla solo con leche materna, como se recomienda, y cuando comenzó a comer papillas y otros alimentos, en casa apenas recibió la dieta mínima aceptable, que incluyó bebidas azucaradas y productos poco saludables.

Ana, uno de los nombres más comunes entre las mujeres guatemaltecas, es un personaje ficticio construido a partir de los hallazgos de la Endesa 2025 para retratar las condiciones que enfrentan miles de niños en Guatemala.

Su familia pertenece a los pueblos indígenas, un grupo en el que tres de cada 10 personas viven en pobreza extrema. En la casa de Ana el agua es escasa y, la mitad de las veces, está contaminada con bacterias presentes en las heces.

Todas esas condiciones favorecen la desnutrición crónica, una condición que afecta el desarrollo físico, la capacidad de aprendizaje y la productividad en la vida adulta.

Esa realidad es una fotografía de lo que enfrenta la niñez menor de cinco años en Guatemala, según la Encuesta Nacional de Desarrollo en Salud 2025 (Endesa), que recién fue presentada.