NoticiaImagen Portafolio. Foto: Imagen Portafolio.04.08.2026 22:30 Actualizado: 04.08.2026 22:30
Un grupo de inversionistas y técnicos de la Orinoquía y de Brasil, se sentó frente a los ministros designados del presidente electo Abelardo De La Espriella y un representante del Banco Interamericano de Desarrollo en Barranquilla con una propuesta. La tesis es que la sabana del oriente colombiano puede repetir lo que hizo el estado brasileño de Mato Grosso en cuatro décadas, y que puede empezar a hacerlo ahora.Según información revelada por Portafolio, El documento propone un “Plan de Estado” de 20 años, dividido en tres umbrales. Entre 2026 y 2030 la región produciría tres millones de toneladas de soya y maíz, suficientes para reducir las importaciones en 37,5 por ciento. Entre 2030 y 2034 llegaría a ocho millones de toneladas, el punto en el que el país dejaría de importar esos dos granos. Y hacia 2045 alcanzaría 20 millones de toneladas, de las cuales 12 se exportarían. LEA TAMBIÉN Para la primera etapa, se calcula que el sector privado tendría que poner US$ 1.300 millones en inversión de capital (el 40 por ciento en adecuación de suelos, el 25 por ciento en maquinaria, el 20 por ciento en minería y el 15 por ciento en plantas) más 440 millones adicionales de capital de trabajo.La llegada de esa delegación a Barranquilla se dio luego que De La Espriella visitó, la misma semana pasada, el Vichada, en el corazón de la Orinoquía. Recorrió la hacienda San José, un referente de ganadería tecnificada fundada por el empresario Gabriel Jaramillo, y la hacienda Scheffer, dedicada precisamente a la soya y el maíz.37,5 por ciento sería la cifra de reducción entre el 2026 y el 2030, con esa propuesta“No recorrí únicamente haciendas, cultivos y proyectos ganaderos”, escribió después en su cuenta de X el presidente electo. “Recorrí una visión de país: una Colombia que vuelve a creer en su campo”. El nuevo gobierno, dijo, “promoverá una política de Estado para aumentar la producción agropecuaria, fortalecer la infraestructura rural y sustituir progresivamente las importaciones de alimentos que Colombia está en capacidad de producir”, agregó.Los suelos del estado brasileño son ácidos, tóxicos en aluminio y pobres en calcio y magnesio, casi los mismos defectos que tiene la altillanura colombiana. Aun así, Mato Grosso pasó de poco más de un millón de hectáreas cosechadas en 1980 a cerca de 20 millones en 2020, y hoy es el primer productor brasileño de ganado, soya, maíz y algodón.Su PIB agropecuario creció 11,5 por ciento anual entre 2003 y 2021, y tiene la mejor combinación de ingreso por habitante y equidad de todo Brasil. Mientras tanto, Colombia importa unos siete millones de toneladas de maíz amarillo y soya al año, un déficit que en 2023 costó 3.100 millones de dólares. El costo social de ese vacío está a la vista. En Cumaribo, el municipio más extenso de la altillanura, la pobreza multidimensional llega al 91,4 por ciento, frente al 12,1 por ciento del promedio nacional. LEA TAMBIÉN Aquí es donde el propio estudio que entusiasma al gabinete entrante de Colombia. A Abelardo De La Espriella y su equipo les están pidiendo crear confianza con hechos desde el Gobierno, una agenda de ejecución con responsables y fechas, seguimiento independiente a través de una oficina de proyectos, seguridad física y un patrocinador financiero multilateral. La presencia del BID en la oficina del nuevo mandatario, sugiere que esa última casilla ya empezó a llenarse.Portafolio. Sigue toda la información de Economía en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.








