La frase “No es la más fuerte de las especies la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que mejor se adapta al cambio” es una de las más atribuidas a Charles Darwin.
Sin embargo, el naturalista británico nunca la escribió de forma literal.
Aun así, resume con bastante precisión el principio central de su teoría de la evolución por selección natural.
En <i>El origen de las especies</i> (1859), Darwin explicó que los organismos con características más favorables para enfrentar las condiciones de su entorno tienen mayores probabilidades de sobrevivir y reproducirse.<b> La clave no es la fuerza física ni la inteligencia por sí solas, sino la capacidad de responder a los cambios del ambiente. </b>Con el paso del tiempo, esta idea trascendió el ámbito de la biología y comenzó a utilizarse para explicar cómo personas, empresas y sociedades enfrentan transformaciones económicas, tecnológicas o culturales.
La adaptación implica flexibilidad, aprendizaje y la capacidad de modificar estrategias cuando las circunstancias cambian.







