En Hollywood ya es parte del guión: alfombra roja, discursos encendidos, pines con banderas LGBT y llamados a “cambiar la industria”. Actores y directores repiten que el cine es más inclusivo que nunca. El mensaje está claro. El problema es que, cuando se mira más de cerca, ese relato no coincide con la realidad. Dos autores recientes ayudan a entender esta contradicción. El sociólogo Musa al-Gharbi, profesor en la Universidad de Stony Brook, en We Have Never Been Woke, explica que las élites suelen adoptar discursos progresistas sin modificar las estructuras que sostienen la desigualdad. Según su idea de los “capitalistas simbólicos”, sectores como los medios o el entretenimiento convierten causas sociales en una forma de ganar prestigio y poder cultural. Algo parecido plantea el lingüista John McWhorter, profesor en la Universidad de Columbia, en Woke Racism: muchas de estas posturas funcionan más como posicionamiento público que como transformación real. En Hollywood, esto se ve claro: mientras en ceremonias se habla de inclusión, los números muestran otra cosa.

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